Que tonto al pensar que me ibas a querer, seguir convenciéndome de que
cambiarias mi camino, cuando desde hace rato bajo mis pies lo que existe es un
abismo; lleno de fe me aferré a considerar que solo tu podrías cambiar mi mal
destino y es que apenas fue una jugada de mi mente, o mi corazón, aún no se
cual falló.
Que ilusión, trate de engañarme cuando eres el blanco angelical y yo el
negro infernal, cuando tu todo iluminas yo alcanzo lo profundo de la oscuridad.
¡Que estupidez! Seguir creyendo que alguien podía transformar lo que siento en
un calmo mar, si ya debería a estar acostumbrado, a tanta amargura sin fin
desesperado. Que demencia pensar que me puedes pertenecer, si aún no entiendes
lo extraño de mi ser.
Al primer sonido noté tu espanto, en definitivas no soportarías a media
noche mi canto, te parecería más bizarro de lo habitual, recordando que, aunque
quiera y lo desee, en tu mundo no puedo encajar. Tendría que olvidar lo que
fui, borrar lo que me marcó y arrancar de mi piel eso que antes me hizo ser yo.
Amaneció y fue premonitorio, el sol no salió con todo su fulgor, las nubes
se atascaron entre él y lo que en algún momento fue el mundo, acabó por
perderse en la niebla, escondiéndose como si quisiera apagar los murmullos,
achicar las voces y ocultar la reproches. Desperté del letargo que hoy llamo
sueño y note sin querer, que aun en tu recuerdo descubría eso, lo bello. Tristeza
es lo que aún siento cuando no entiendes que al decir te amo, aun siguiera
siendo raro.

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