martes, 20 de junio de 2017

VOLANDO MUY BAJO


Tira de la cuerda de una vez y acábame para siempre, te pido que sueltes la guillotina y así desapareceré de este mundo, de ti. No sé por qué te empecinas en torturarme lentamente, arrancándome gota a gota mi vida, si por fin va a llegar la hora en que me dejes, decídete en este instante, no me inventes oportunidades.

No quisiera pasar un día más con la esperanza de un nosotros, eso de verdad es una perversidad, suelta de tajo tu discurso final, echa tierra en mi féretro, que yo calmado y quietecito como un muerto, podre sobreponerme al destierro. Monta en tu caballo alado, cabalga por la ventura de tu esplendida vida, mientras tres metros bajo tierra se pudre mi amor, acabándose mi respiración, mientras los gusanos corroen mi corazón.


Y ruego al final al dios del olvido que pueda meterme dentro de sus alaridos y con cada oración que eleve al cielo por ti, me haga hundirme más en los gemidos de las heridas jamás curadas, en la carne abierta y lacerada, y si alguna vez vuelves a mí, sea para untarme con sal la abertura de mi alma y restriegues con tu desprecio la poca sangre que aún me brote de adentro, de ahí, de ese mismo lugar donde un día estuviste y que, aunque se haga más chico, todavía habitas.

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