Soñé con hacerte el amor otra vez, y el aroma de tu cabello en mi piel, al despertar
me asombré, ojalá no te hubieses atravesado en mi destino, seriamos dos
extraños que quizás al cruzar sonreímos, tu por tu camino y yo por el mío, sin
conocer tus partes tus rebujos; en verdad no hubiese conocido el cielo, pero
seguiría en la tierra, seguro, completo.
No quiero verte más, desaparece por favor de mi cabeza, de mis sueños húmedos,
del calor, del cigarro, del humo. Me reinvento en tu lejanía, me pierdo en
agonías y despierto en la mañana sin recordar lo que sentían mis dedos atados a
tu cuerpo, alegre sin saber que te has borrado del tiempo, de mi pasado y aun
sin entender sigo jugando, y en la mitad de mi pensamiento como una luz en el
horizonte apareces en mi espejo. Que tristeza, aun continúas ahí presente, como
la realidad indemne, tu reflejo tu fulgor, que se yo, algo que brotó haciendo
sufrir mi corazón.
Me quedé con la maleta hecha, esperándote a que vinieras, pero algo falló,
no sé si tú, si yo, lo cierto es que solo quedé, en la esquina como esa media
perdida; borré toda amargura, perdoné mi mala fortuna, hice de ti otra
oportunidad, en realidad vuelvo a caer por inocente, sigo siendo el mismo
creyente de tu libertad.
Y ahora camino con la vela encendida rogándole al santo de tu vida que te
traiga a este puerto seguro, que me dé la oportunidad de buen auguro, de
demostrar que al despertar puedo en cada mañana hacerte el desayuno y en la
noche darte de cenar, perderme es tus brazos en tu mirar y así cumplir por fin
con mi motivo, este que aún me tiene vivo.

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