Volviste a escribirme por ¨casualidad¨ para ver yo que tal, y yo radiante
te dije que muy bien, ¿y a ti?, pues tú también, que feliz me siento que todo
te ha salido de maravilla, y es que hacía tiempo ya no me acordaba de los dos,
pero en realidad me siento lleno de alegría por tu felicidad. Al saludarte y pronunciarte, reconocí que ya
no me duele recordar lo vivido, expresar lo recorrido ni gritar tu nombre, ese
que había creído olvidar, pero con el que hoy te puedo volver a llamar sin que
hagas en mi ningún mal.
Tocaste temas varios, de ahora y de ayer, con fotos tuyas que me hicieron
soñar otra vez, reconocí ahí, que, aunque me hiciera el fuerte aún seguías en
mí, me abstuve de decirte que me buscaras que era necesario besarte, hacerlo
ahora como antes como hacía mucho no lo hacías, pero la sensatez se apodero de
mí y gracias al cielo cedí. Dejé que siguieras tu discurso preparado en el
momento en el segundo que ya había pasado en el instante ya muerto, para que me
encantaras, me engolosinaras, logrando enredarme, perderme en tu dulce
propuesta de volver a enredarnos en las sabanas nuestras.
Y me atreví, te lo dije sin detenerme, que otra vez contigo me gustaría y
sin duda lo intentaría, tocarnos, fundirnos como lo hacíamos, como nos conocíamos,
así cuerpo con cuerpo juntando nuestro firmamento. Que estúpida ilusión, rota
con un certero NO; entendí tus palabras: prefiero hablarte, tus expresiones, no
perderte y seguir en la charla, tenerte cerca con el verbo, pero no tocando
nuestras pieles el infierno, no quiero el placer que te aleja, prefiero la
palabra la que nos acerca.
Pues seguramente te hare un libro, lleno de letras, palabras, frases y
párrafos para que me mantengas en tus aposentos, mientras yo seguiré en esta
realidad disfrutando de la crudeza de la verdad, pegando mi alma a la alguien
más.

No hay comentarios:
Publicar un comentario