No sé cómo repetírtelo, no quiero amor; esas ilusiones llenas de besos y
flores, no son conmigo, tal vez tu necesites otro que viva la novela, que
quiera viajar contigo a una estúpida tierra, donde solo llueven caricias y las
frases cursis crecen en las orillas, pasando los atardeceres anaranjados, con
quien cante a tu lado, creando un lago de dulzura en el que terminas bañándote de
afecto mientras corre una suave brisa.
Yo, por el contrario, cariño, me he reinventado, más sosegado, práctico,
frio y reacio, paso sagaz al caminar, analítico, evitando baches de
sentimientos, alejándome de contacto a cada momento. Si, tal vez frío y distante,
pero eso ha hecho que lo que antes era blando hoy este blindado, cerrado y
protegido, en una muralla de indiferencia que es lo que de repente hoy te pesa,
pero así es la vida, esta, la mía, en la que me tocó sufrir, con la que a
golpes entendí que no se puede jugar a las tonterías, y que se vale equivocarse,
pero nunca con los mismos errores, que es mejor una noche mirando las
estrellas, que un amanecer abandonado y engañado por quimeras.
Qué pena que sea yo quien te dibuje un mapa adelantado de dolor, pero
entiende corazón, ya anduve por esa prisión, así que aquí solo encontrarás este
cuerpo, estas ansías por liberar el peso, subir la barda quitar el miedo,
dejarme caer en lo tangible, lo que toco, lo cierto, y así como una erupción de
deseo, saber que después de los encuentros seguimos siendo mejores, sin
rencores, sin amarres de falsos compromisos, dos seres que antes de compartir
la piel y llegar a la desnudez, ya han dejado guardo el corazón protegido esta
vez.

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