martes, 24 de mayo de 2011

RESPUESTA

Esperar implica paciencia, eso lo tengo claro, lo que conlleva a considerar una magnitud: El Tiempo. Pero donde queda la relatividad de este ¿Es algo subjetivo? Es decir, la paciencia tiene un grado, para alguien esperar tres horas para que lo atienda un médico es ser paciente, pero para otra persona ese tiempo de espera lo transforma de paciencia a inercia, ahora sin contar con el estado en que se encuentre e enfermo, no es lo mismo esperar un medico con un dolor de estomago que con una bala en el pecho. Es que la paciencia lleva consigo una resistencia, que como estamos hablando de humanos, también llega a cambiar dependiendo el sujeto, Job, nuestro modelo de paciencia bíblico, se podría decir de él que tiene un umbral de resistencia altísimo, situación con la cual no me puedo identificar, pero que he visto y aprendido a entender que sí existe en otros, y con mayor acentuación que la del referente ya mencionado. Diría que ya que sobre tu condición no se ha escrito nada, podríamos interceder para que exista un libro que relate la paciencia que has tenido durante todo este tiempo, todos estos años, y con mucha seguridad que le arrebatarías el puesto del mísero Job.
No logro calificar tus actitudes, alguna vez quise pensar que había algo de perversidad en tu esperar, en la manera en la cual  expresabas que estarías ahí todo el tiempo que fuera necesario, y que tras esa frase existía un plan más misterioso para alcanzar tu cometido, pero no era así, fueron malas mis apreciaciones; después pensé que podría ser ingenuidad, que va, si algo has demostrado es que la inocencia ya abandonó por completo tu actuar. Mis dudas no pudieron agravarse aún más cuando con el pasar del tiempo seguías ahí, firme, incondicional, tal como lo dijiste, pero tuve más esperanzas, sabía que el tiempo tenía que hacer su trabajo, que aún no era el momento pero q ya llegaría el abandono de tus convicciones y la espera por fin terminaría. Y aparecieron los años, pasando uno tras otros, pero no sin dejarme de preguntar día a día por ti, por lo que pudieras estar pensando y si había existido así fuera por un segundo en tu pensamiento el deseo de renunciar a  tu causa, pero la medida de los acontecimientos me daban la respuesta de un no rotundo, pensé que lo tuyo era valor, nada más férreo que el valor, pero aun así no comprendía como el paso de los calendarios no menguaban tu fortaleza, debía existir algo más, y de vuelta me volqué hacia la maldad, hacia la tortura, aunque no sabía cómo esta clase de parecer y sentimientos podrían en algún momento anidarse en ti, lo que si era claro era el martirio que me producía tu paciencia, tu espera, me incomodó al punto de llegar a confrontarte, a preguntarte el por qué, pero tus palabras no pudieron ser mas desconsoladoras y al tiempo tormentosa, “seguiré todo el tiempo que haga falta esperar”, quise olvidarme del asunto, pensar que no existías, que nunca exististe pero fue en vano, si antes pensaba en eso un vez al día, ya se había vuelto costumbre no apartar de mi cabeza este asunto, hasta que por fin lo comprendí, llego a mi esa luz que lleno de claridad mi pensamiento y lo supe, entendí por fin que lo tuyo era puro y destilado Amor, no podía haber otro sentimiento en el universo que describiera esa espera infinita que habías decido aguantar por mi, para recibirme nuevamente y que todo pudiera volver a ser como antes. Debo decirte que me siento más tranquilo, ya casi no pienso en tu espera, ni me mortifica que el tiempo pase y sigas con la aprehensión a tu deseo de tenerme de vuelta, y aunque entenderte a disminuido considerablemente mi ansiedad debo decirte que aun no estoy preparado, y que quizás nunca llegue a estarlo, no te diré que dejes de esperarme porque sé que tu repuesta seguirá siendo la misma “Esperaré todo el tiempo que sea necesario”.

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