Habernos citado en ese restaurante tenía su propósito, eso lo descubrí en el momento en el que terminé de leer tu nota, igual yo también quería verte, saber que era de ti, qué hiciste todo este tiempo, si tu vida igual que la mía había cambiado tanto, y en una intención más profunda, quería saber si aún me amabas.
La ansiedad me llevó a llegar temprano, pedí una copa, y me perdí en los pensamientos, en imaginarte como estarías, si aun tendrías ese pacto con la belleza, con el misterio de lo lindo, y que hacía que esa luz se desprendiera de tu cuerpo cegándonos a todos los que osábamos estar cerca, un relámpago irrumpió mis pensamientos y te vi frente a mí. Me equivoque, estabas aún más hermosa, ya no era una luz la que te rodeaba era toda un estrella en explosión, que en ese momento me lograba dejar invidente, te anhele, quise abalánzame sobre ti y besarte, pero la cordura me llegó en ese momento y atine a ponerme de pie, tomarte el brazo y rozar mis labios en tu mejilla, te pedí que tomaras asiento accediste con una risa más brillante aún. Que linda tarde, reímos, nos acordamos de todos los buenos momentos que vivimos, te conté como me gustaba verte con aquel vestidito negro, tú me dijiste que aun lo usabas, y cada que te lo veías puesto te acordabas de mí, de cuanto te deseaba metida en ese pedacito de tela oscura. Me hablaste de lo mucho que te habías asustado el día que me había enfermado, de lo ansiosa que estabas ese día y de las palabras que me dijiste al oído “Prométeme que no me dejarás nunca”. En este momento me arrepiento de no haberte cumplido, de necesitar irme, de dejar que las cosas cambiaran, dejar de verte para luego desearte, y volverte a querer olvidar; en este instante comprendí porque lo decidí en ese entonces, pero hoy después de dos horas de compartir contigo entendí que tu también habías cambiado, que ahora estabas mas llena, mas crecida y que habías aprendido de la vida, comprendí que mi acción genero eso en ti, te desee mucho mas, tu lo notaste se me veía en mis ojos. Seguiste trayendo el recuerdo de nuestros mejores momentos, el día que nos acostamos desnudos en nuestro balcón a tomar el sol, sin importar que nos viera la gente, la vez que me tocó llevarte cargada en mis brazos hasta la cama porque estabas demasiado bebida y me culpabas por estar así, la noche en la piscina donde casi me ahogo por tratar de besarte bajo el agua, de tus gritos incontrolables cuando hacíamos el amor, nos acordamos de eso y muchas cosas más.
Descubrimos que la noche ya había llegado cuando por fin secándonos las lágrimas de tanto reírnos, el mesero nos informó que ya iban a cerrar, pague y salimos a la calle al frio de la noche, y fue ahí de pie, y sin protocolo que me dijiste porque me citaste en ese lugar, este día, porque sabías y te habías convencido que lo nuestro valía la pena y deseabas que nos diéramos otra oportunidad; quise decirte que si! Que yo también lo creía así, que nos fuéramos lejos y viviéramos de nuevo todos esos recuerdos que teníamos, que disfrutáramos, porque juntos fuimos felices, pero así como hacía unas horas la cordura había caído sobre mí, nuevamente hizo su aparición, y te dije que lo sentía, que no podía, que yo ya era otro, y que la vida es tan corta para vivir de los recuerdos en un futuro que se basaría solo en tiempos pasados, te dije que nuestro tiempo en este mundo es tan efímero y quiero vivirlo, no como leyéndolo en un libro de historia, si no escribiéndolo en una novela inconclusa en la cual se puede cambiar el curso y de personajes y que al final, en la conclusión esperaba haber aprovechado cada segundo, muy seguramente tu nombre estará en los agradecimientos de este libro.
Me miraste a los ojos, tomaste mi cara entre tus manos, y me diste un beso mágico de esos que solo tú sabes dar, te secaste las lagrimas y volviste a acercarte para decirme al oído que no te culpara por intentarlo, diste media vuelta y saliste caminado del restaurante y de mi vida, alumbrando a tu paso la negra noche.

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