Esa imagen quedo indeleble, tus ojos completamente abiertos, tu cabello hacia un lado, los brazos levantados con los codos apuntándole a mi pecho y ese gesto con los dedos anular y corazón de tus manos imitando unas comillas para describir lo que yo había sido en tu vida. Y me duele, hoy comprendo que me duele, no porque te creí lo más preciado para mí, no porque te haya dicho que tú encendiste mi capacidad de ser alguien, no porque desde que te conocí empecé por primera vez a verme en el espejo y descubrí a otra persona que sonreía, no porque haya encontrado contigo la esencia de mi existencia; no mi amor, mi dolor no fue por eso. Mi sufrimiento, cariño, se debe a que creo que merecí ser más que unas comillas para ti. Entiendo que haber aspirado a ser tu punto final sería mucho, pero haberte dado mi alma si quiera supone ser un punto y coma. No deje a un lado todo lo que me importaba antes, así implicara irme detrás de ti olvidando lo que antes llamaba vida, para ser un miserable gesto de tus manos. Empeñe mi corazón por lo menos para generar un punto y aparte en el peligroso camino de tus sentimientos. En algún momento y tras golpes y embates aprendí a no ser tan ambicioso, pero es que, belleza mía, entiéndeme creo que alcance a ser, sin llegar a perder la modestia, dos puntos que definían a un hombre que te adoraba. Pero solo me dejaste lleno de interrogaciones, y aun en las noches más oscuras, cuando me siento solo y menciono franqueado en signos de exclamación tu nombre, sueño con que recapacitas y me conviertes en puntos suspensivos que conducen a una continuación que nos incluye a los dos, pero con la luz del día vuelvo y comprendo que te equivocaste, porque no fui unas comillas, eso implicaría que aun te acordarías de mí, no mi dulce tormento lo que yo signifique fue un triste paréntesis que si tuvieras la oportunidad borrarías con un corrector.

No hay comentarios:
Publicar un comentario