domingo, 10 de abril de 2011

LA MAR

Me quedé estático viendo el mar, y pude transportarme por el sonido que las olas hacían al apagarse en la playa, ese de espuma que se desvanece. No sé cuánto tiempo estuve así; me acordé de mis primeros encuentros con el océano, la vez que  mis padres me llevaron y supe que no existía otra sensación igual a flotar en el agua del mar, eso le dio paso a mi obsesión por él, a visitarlo cada que podía, y cuando no podía también, aprender a nadar, a bucear, me interesaba no solo su superficie, sino su profundidad, aún así me inspiraba el respeto que cualquier animal terrestre puede tener por él.  Alcancé a escucharte en la lejanía y desperté de mi evocación, me preguntaste que estaba pensando y te dije que en el mar, en cuantas cosas me produce, desde su sonido hasta el contacto con él.  Siempre le hago reverencia al mar, te dije. Sorprendida me lanzaste un gesto que quiso escudriñarme. Si, es así, le he dado muchos sacrificios, he entregado muchas cosas a su imponente profundidad, algunas sin querer, y creo que todos los que hemos experimentado en sus aguas hemos hecho lo mismo. 
Sabía que había muchas cosas que nos hacían diferentes a ti y a mí, pero algo como la experiencia que se tiene con el mar tenía que ser  común. 
Seguramente es unas de las rarezas que siempre piensas, te escuché decir. Cuando me dices cosas como esas me van arrancando un pedacito de alma, quisiera no ser tan diferente, pero sabía  que el piélago no te era raro, por eso me aventuré a contarte que siempre quise que el  mar tuviera una oficina de objetos perdidos. Te reíste.  Es en serio,  alcance a escupir entre tus carcajadas, a quien no se le ha perdido algo en el mar,¿a quién que haya estado en contacto con él no se le ha caído un objeto, una joya, alguna cosa? a mi muchas. Seguiste riendo. Por un momento pensé que hasta en eso éramos diferentes.
¿Y por qué lo de la oficina? 
Pues para recuperarlo, yo tenía una cadena muy especial para mí y cometí el error de nadar con ella, con el oleaje y el movimiento cayó al fondo, si el mar tuviera una oficina de objetos perdidos podría recuperarla, hay muchas otras cosas que no quisiera que me devolviera, igual son mis ofrendas al mar, pero algunas como esa cadena sí, o es que, ¿tú no has perdido algo en el mar? 
Apagaste tu risa y me dijiste que sí. Lo sabía, sabía que entre tantas cosas, algunas teníamos en común.
¿Que de todo lo que perdiste en el mar si te dieran la oportunidad recuperarías? te pregunte. 
Bajaste tu mirada, y con una voz suave muy suave me dijiste: Mi virginidad.


 Ahora estamos como antes, seguimos siendo muy diferentes.

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