jueves, 28 de abril de 2011

KARMA


Estoy seco, si así, simplemente así. Estoy seco.
No lo puedo entender, antes todo era por mucho, por exceso. Tanta comida, licor, sueño, grandes cantidades de risa, siempre llovía sobre mí, era una tormenta todo el tiempo. Hoy no, miro y todo es aridez.
Debo empezar a vivir de nuevo, y te pido por lo más sagrado, que me entiendas, no hagas nada, no pretendas detenerme, no digas nada, no planees la forma de callarme, déjame hacerlo. Te sentirás mal muchas veces a partir de ahora, pero recuerda en esos momentos que es tu costumbre soportarme y tu decisión amarme. Muchas veces me verás en los lugares incorrectos, en los momentos no adecuados juntando mis labios con los equivocados y te dolerá, es lo más seguro, y aunque yo lo sepa, te lo juro, no es por hacerte daño, es por mí, por esta arena que me consume por dentro, es el calor que me mata y quiero nuevamente apagarlo, extinguirlo para poder otra vez, estar en este mundo contigo, cada minuto del reloj y besarte solo a ti. Y tan innegable como que próximamente te lastimaré, tendrás por cierto que luego cuando vuelva la cascada dentro de mí, será otra vez tu felicidad, tan intensa cada momento más, que te entregaré cada célula de mi ser para que aumente tu jubilo a mi lado; y tan seguro como eso volveré a quedar nuevamente consumido, exactamente en el momento en que tu alcances el éxtasis, y todo volverá a repetirse. Ese es mi karma, el que me tocó, y el tuyo, el que elegiste.  

lunes, 25 de abril de 2011

ACERCA DE TI

Me preguntaste cuando escribiría sobre ti. Pues hoy es el día. Tal vez creíste que escribiría cuando tu y yo ya no tuviéramos algo, cuando eso que llamaste amor se acabara, y que más se me podría ocurrir a mí que soy un halagador del dolor. Pero no, me da pena desilusionarte, que sobre ti no tengo nada malo que decir, excepto una sola cosa, pero no es el caso de estas líneas; lo que sí quiero escribir es de lo otro, que a pesar de ser extraño es sobre ti, es todo lo que tú eres, fue como te conocí.
Te vi antes que tú a mi, no lo sabes hasta hoy pero ya habíamos hablado, solo que ese día que tu reconoces como el primero no lo fue. Lo siento, ese es uno más de mis secretos.
La carrera de llegar a encontrarte no fue más rápida que el movimiento de mi pecho ¿qué te diría al verte, que actitud pondría? Como todo lo mío, lo deje al destino.
Pregunte dónde estabas, me respondiste aquí. Qué tontería, debí entender que de la misma manera sería toda la experiencia contigo, sentiría siempre ser un tonto un a tu lado, pero ¿qué podía yo hacer?
Hable mucho; ya sabes efecto de mi estupidez a tu lado, te dije lo que quería, lo que pensaba, te conté mi vida, mis experiencias en un baúl, así de esa forma como un montón de fósforos en una cajita.
Me mirabas, como me gustaba que me miraras, te perdías en mi rostro; hoy entiendo que analizabas cada gesto, y te esforzabas por memorizar el color de mis ojos, la forma de mi risa, como caían cada uno de mis cabellos sobre mi frente, esa era tu manera de grabarme en tu mente, yo me fui mas allá, me tallé en tu alma. Tengo que decirte que lo siento nuevamente, mis acciones fueron a propósito, con mucho cálculo, no quería que yo para ti solo fuese ese día, precisaba crearte la necesidad de mí.
Me hablaste, te reías, me alegrabas, callabas y volvías a perderte en mi imagen. Me atreví a tocarte, a rozarte atrevidamente, a juntar mi mano con la tuya, a soñarte en el futuro, en el porvenir conmigo, esa imagen me excitaba, y sentí que te estremeciste con un toque mis dedos en tu brazo, me creí infinito.
Y como todo en este universo ese día acabo, pero terminó dulcemente contigo en mi almohada, te soñé, y ¡que sueño!
Hoy me has dicho que has querido despedirte de mí pero que se le va a hacer, si no he aparecido.
Quiero decirte que no me he ido, que aun estoy aquí pensandote, que no quiero que te despidas, que quiero que te quedes a mi lado, que no me sueltes, pero escribiéndote esto comprendí que tengo que aceptarlo, igual todo lo dejo al albedrío, esta es una despedida anticipada, un retrato como el que tú hiciste de mi en tu mente, esta es una imagen pronosticada de un adiós.
PD: Tengo razón, aún halago el dolor.

domingo, 10 de abril de 2011

LA MAR

Me quedé estático viendo el mar, y pude transportarme por el sonido que las olas hacían al apagarse en la playa, ese de espuma que se desvanece. No sé cuánto tiempo estuve así; me acordé de mis primeros encuentros con el océano, la vez que  mis padres me llevaron y supe que no existía otra sensación igual a flotar en el agua del mar, eso le dio paso a mi obsesión por él, a visitarlo cada que podía, y cuando no podía también, aprender a nadar, a bucear, me interesaba no solo su superficie, sino su profundidad, aún así me inspiraba el respeto que cualquier animal terrestre puede tener por él.  Alcancé a escucharte en la lejanía y desperté de mi evocación, me preguntaste que estaba pensando y te dije que en el mar, en cuantas cosas me produce, desde su sonido hasta el contacto con él.  Siempre le hago reverencia al mar, te dije. Sorprendida me lanzaste un gesto que quiso escudriñarme. Si, es así, le he dado muchos sacrificios, he entregado muchas cosas a su imponente profundidad, algunas sin querer, y creo que todos los que hemos experimentado en sus aguas hemos hecho lo mismo. 
Sabía que había muchas cosas que nos hacían diferentes a ti y a mí, pero algo como la experiencia que se tiene con el mar tenía que ser  común. 
Seguramente es unas de las rarezas que siempre piensas, te escuché decir. Cuando me dices cosas como esas me van arrancando un pedacito de alma, quisiera no ser tan diferente, pero sabía  que el piélago no te era raro, por eso me aventuré a contarte que siempre quise que el  mar tuviera una oficina de objetos perdidos. Te reíste.  Es en serio,  alcance a escupir entre tus carcajadas, a quien no se le ha perdido algo en el mar,¿a quién que haya estado en contacto con él no se le ha caído un objeto, una joya, alguna cosa? a mi muchas. Seguiste riendo. Por un momento pensé que hasta en eso éramos diferentes.
¿Y por qué lo de la oficina? 
Pues para recuperarlo, yo tenía una cadena muy especial para mí y cometí el error de nadar con ella, con el oleaje y el movimiento cayó al fondo, si el mar tuviera una oficina de objetos perdidos podría recuperarla, hay muchas otras cosas que no quisiera que me devolviera, igual son mis ofrendas al mar, pero algunas como esa cadena sí, o es que, ¿tú no has perdido algo en el mar? 
Apagaste tu risa y me dijiste que sí. Lo sabía, sabía que entre tantas cosas, algunas teníamos en común.
¿Que de todo lo que perdiste en el mar si te dieran la oportunidad recuperarías? te pregunte. 
Bajaste tu mirada, y con una voz suave muy suave me dijiste: Mi virginidad.


 Ahora estamos como antes, seguimos siendo muy diferentes.

sábado, 9 de abril de 2011

ONIRICO

No pude quitarte toda la ropa pero alcance a ver tus pechos y me llevaron a la gloria, supe que debía continuar y  espere ansioso la próxima noche para poder lograrlo. Llegue a ver completamente tu desnudez, comencé a besarte suavemente, mi excitación no me permitía ver con claridad y seguí pegando mi piel con la tuya y exhalé un suspiro, ahí quedo todo. Tenía que seguir intentándolo, era además un reto, pero un reto delicioso, lleno de amor, no implicaba solo el sexo como acto, consistía en poder conseguir unirme a ti, me prometí que la siguiente noche era mi oportunidad. Esta vez el avance fue mayor logré meter mis manos entre tus piernas y subir suavemente mientras te besaba y bajaba con mis labios por tu cuerpo con la firme intención de que se encontraran con  mi mano a mitad del camino, en ese lugar que era el inicio del dulce final; fue en vano, pospuesto quedó mi anhelo. Esta noche te lo he dicho, no puedo seguir de esta forma, y haré todo lo posible por lograr que nuestros sexos se encuentren en una explosión de placer, no podré levantarme en la mañana y continuar mi vida deseando otro día más que la próxima noche sea el cumplimiento de mi ansia. Te has molestado al escucharme, y llegaste a llamarme raro y enfermo, que no puedes comprender como teniéndote a mi lado en carne y hueso,  pudiendo poseerte en la realidad esté obsesionado con amarte en un sueño. Yo te he contestado que para mí no es suficiente con la realidad, quiero amarte y hacerte el amor hasta en sueño, así eso requiera dormirme más temprano. Cerré las cortinas, me acosté en nuestra cama y suspiré convencido que hoy si lo lograría, miré el reloj y cerré mis ojos sin importar que fueran las seis de la tarde.

miércoles, 6 de abril de 2011

SIGNOS

Esa  imagen quedo indeleble, tus ojos completamente abiertos, tu cabello hacia un lado, los brazos  levantados con los codos apuntándole a mi pecho y ese gesto con los dedos anular y corazón de tus manos imitando unas comillas para describir lo que yo había sido en tu vida. Y me duele, hoy comprendo que me duele, no porque te creí lo más preciado para mí, no porque te haya dicho que tú encendiste mi capacidad de ser alguien, no porque desde que te conocí empecé por primera vez a verme en el espejo y descubrí a otra persona que sonreía, no porque haya encontrado contigo la esencia de mi existencia; no mi amor, mi dolor no fue por eso. Mi sufrimiento, cariño, se debe a que creo que merecí ser más que unas comillas para ti. Entiendo que haber aspirado a ser tu punto final sería mucho, pero haberte dado mi alma si quiera supone ser un punto y coma. No deje a un lado todo lo que me importaba antes, así implicara irme detrás de ti olvidando lo que antes llamaba vida, para ser un miserable gesto de tus manos.  Empeñe mi corazón por lo menos para generar un punto y aparte en el peligroso camino de tus sentimientos. En algún momento y tras golpes y embates aprendí a no ser tan ambicioso, pero es que, belleza mía, entiéndeme creo que alcance a ser, sin llegar a perder la modestia, dos puntos que definían a un hombre que te adoraba. Pero solo me dejaste lleno de  interrogaciones, y aun en las noches más oscuras, cuando me siento solo y menciono franqueado en signos de exclamación tu nombre, sueño con que recapacitas y me conviertes en puntos suspensivos que conducen a una continuación que nos incluye a los dos, pero con la luz del día vuelvo y comprendo que te equivocaste, porque no fui unas comillas, eso implicaría que aun te acordarías de mí, no mi dulce tormento lo que yo signifique fue un triste paréntesis que si tuvieras la oportunidad borrarías con un corrector.

martes, 5 de abril de 2011

CONSEJO







Carlos me esperaba impacientemente en la puerta del aeropuerto, lo había llamado contándole que viajaba y que me gustaría verlo para hablar después de tanto tiempo. El se había ofrecido a recogerme, aun después de tanto insistirle que no era necesario, me obligó a aceptar su propuesta. Ahí estaba, con su habitual vestimenta y por primera vez noté las arrugas en su cara, estaba viejo, muy seguramente el paso del tiempo también se notaba en mí, pero había algo en él que mostraba cansancio y desdén. Nos saludamos con un gran abrazo con el que logró desprenderme del suelo, fue grato volverlo a ver, era el único que podía llamar amigo.
Ya en su carro mientras recorríamos el camino agitado de esa complicada ciudad, le pregunte de su vida, me dijo que bien, yo supe que fue respuesta mecánica; me atreví a decir que lo veía cansado, me dijo que casi no estaba durmiendo, le pregunte si era insomnio, me dijo  que era la situación que estaba viviendo, su esposa y él tenían muchos problemas de pareja, hasta el punto que la frase “me hace la vida imposible” apareció para describir el comportamiento de ella. Todo el camino hacia el hotel sirvió de desahogo, por primera vez en la vida vi a mi amigo con angustia real, con preocupación por su propia existencia, él que lo consideraba una persona inalterable, en la que anteriormente solo los escasos sucesos laborales eran las incomodidades que me confesaba en nuestras charlas, y terminaba diciendo que igual esos eran gajes del oficio y les daba por descontada la importancia que pudieran tener;  ahora dejaba ver cuán grave se sentía. A pesar de que no pude pronunciar palabra durante todo ese tiempo, si pude entender su zozobra , me sentí conmovido y solidario por la situación, antes de que mi amigo saliera del hotel ya con el conocimiento de que me había dejado bien instalado, atiné solo a decirle una cosa: ¡Sepárate! 
Los viajes de negocios siempre me han parecido tediosos una vez has cumplido el cometido, no sin muchas veces decirme a mí mismo que hubiese podido haber hecho lo mismo a larga distancia, ya fuera por teléfono, correo, o cualquier otra tecnología que no implique desplazarme. En la noche antes de mi viaje de retorno me encontré en la barra del bar que frecuento en la complicada ciudad, tomando mi terapia de relajación; observé a Sandra la bar-tender y note a partir de su saludo que algo no andaba bien con ella, estaba pensativa y muy retraída, algo que me gustaba de ella era que siempre tenía algo que conversar, igual, no solo en servir tragos se basaba su oficio, sino en entretener a los solitarios clientes de la barra. Le hice un chiste estúpido, con el cual ella medio esbozó una mueca que parecía risa, y acto seguido le pregunte que le pasaba, y me dijo que nada, yo supe que fue respuesta mecánica; me atreví a decir que la veía ausente y preocupada, me dijo que no estaba durmiendo, le pregunte si era insomnio, me dijo que no estaba pasando por un buen momento con su marido, le dije que los problemas de pareja era muy comunes y puse como ejemplo a mi amigo; ella me dijo que realmente el problema era suyo, que nunca debió casarse, que su esposo era un gran hombre, pero que definitivamente ella no era para un solo hombre, siempre sentía la necesidad de experimentar con extraños, no era capaz de permanecer fija con alguien, eso de la fidelidad no se aplicaba a ella, y sentía de alguna manera que su cónyuge le aguantaba demasiado, ya con la última habían sido 6 veces que la perdonaba, pero de igual manera no estaba dispuesto a seguir haciéndolo, ni ella tampoco. Así que tomó la decisión de dejarlo, pero tenía ese remordimiento de no haber hecho lo correcto; por otro lado seguía con la necesidad de tener sexo con otros hombres y se había propuesto no hacerlo, solo de esa manera podría superar esa condición que la atormentaba tanto, pero hoy llevaba tres días de abstinencia y no podía más. Impávido ante tal conversación, q nunca ni en mis más bizarros sueños había tenido, me paré de la barra y arrojándole unos billetes a mi interlocutora como pago de los tragos y propina, atiné solo a decirle una cosa: ¡Métete a Puta!

Es ciertamente curioso como la rutina va transformando la vida, a este punto entiendo que mucha parte del tiempo que se me ha dado para vivir en este mundo lo desperdicio haciendo todo exactamente igual y a diario, no sé si realmente el ser humano sea un animal de costumbres como dicen, pero en mi caso no es costumbre, se convirtió en algo que creía conveniencia, y aquí estoy de nuevo en un avión de regreso a la agitada ciudad por negocios otra vez. Como siempre un instante luego de haber concluido el objetivo de mi viaje, me encontré aburrido y peor aún, con crisis existencial. No pude dormir en toda la noche, di muchas vueltas en la cama, me paré de la cama y entre al baño, vi mi rostro en el espejo y me pregunte a mí mismo que me pasaba, me respondí que nada, yo supe que fue respuesta mecánica; me atreví a decirme que me veía asustado y desconcertado, que no estaba durmiendo, me pregunte si era insomnio, me dije que no estaba pasando por un buen momento, me senté en mi cama, una copa en mi mano me descubrí en la luz del día en mi habitación de hotel pensando en cuán rápido pasa el tiempo, fue entonces cuando me tomo el sueño por sorpresa, me acosté en la cama cubriéndome con la cobija, atiné solo a decirme una cosa: ¡Cambia!

Ahí estaba en la cima de esa montaña, nunca me creí capaz de escalar una pared natural como esa, tengo que confesar que al principio me dio miedo, pero sabía que eso era lo que buscaba, el riesgo, la aventura. Había decidido quedarme en la agitada ciudad unos cuantos días para hacer cosas nuevas, encontrar la emoción nuevamente, no ser un robot de ciclos, y esta nueva actividad era perfecta, tome aire y me dispuse a iniciar el descenso…
Después de que me terminaran de enyesar y de realizarme la respectiva curación  en las heridas, le pedí el favor a la enfermera de que  marcara en mi celular el número de Carlos, me colocó el teléfono al oído, y le explique a mi amigo rápidamente lo ocurrido, mi mejor escalada a la cima de una montaña y peor descenso de la misma, le dije que ya me daban de alta y que necesitaba por favor que me fuese a recoger. Salí de la clínica apoyado por una muleta a la izquierda y por el hombro de mi amigo a la derecha, cuando minutos antes me vio adentro no pudo contener la risa, supuse que mi reacción hubiese sido igual en ese caso, me ayudo a pararme de la silla, pude ver en su rostro alegría y plenitud, no era el Carlos que unos meses antes había visto en el aeropuerto, algo había en el diferente, estaba radiante rodeado de una  luz que nunca había visto en otra persona; de camino a su carro me contó que había seguido mi consejo y se había separado, que al inicio fue difícil pero que había sido su mejor decisión, me contó que tenía nueva novia hacia dos día y que me la quería presentar estaba esperándonos en el carro, me sentí feliz por mi amigo, al llegar al vehículo el  logró con mucho esfuerzo  meterme en el asiento trasero y yo con mucho dolor acomodarme, subió al puesto del piloto y mientras yo levantaba la mirada él se apresuró a presentarme a su novia.

Mientras recorríamos el camino agitado de esa complicada ciudad, no pude dejar de pensar como la vida no es una ruta que  te trazas sino una senda que te obligan a recorrer, la escena no podía ser mejor: yo vuelto mierda en el asiento trasero, mi amigo Carlos conduciendo con un brillo en su existencia, y a su lado Sandra, la bar-tender ahora su novia, me recosté en el asiento cubriéndome la cara con mi brazo enyesado, atiné solo a decirme una cosa: ¡Hacerme caso da miedo!