jueves, 24 de noviembre de 2011

Buen camino.


Me propuse explicarte tan fielmente mi dolor, hasta el punto de que sintieras en carne propia lo que había vivido, pero ya no, ya no quiero, ahora me siento bien, perfecto y tarareando la canción de la radio; cosa misteriosa que el tiempo logra. Me propongo pues, decirte que espero que te vaya bien, que encuentres lo que quieres y anhelas en esta vida y que ella te de todo lo que te mereces, que a propósito no debe ser nada halagador, ya que alimañas como tu no logran paraísos, sino infiernos por vivir, en donde tus lagrimas no llegan a conmover a nadie solamente agotaran en ahogos tus ruegos, mientras tu carne se consume en el aparatoso fuego chisporreante que alimenta la falta de moral y respeto por las otras personas, que en tu caso debe ser eternidades de leña para esa lumbre, mientras el fétido olor de tu carne se levanta sobre el campo árido que te rodea, tu sangre empezara a abandonar esa cosa áspera y gris que llamas corazón hasta que este como es debido: vuelto ceniza. No debe tomar mucho tiempo pues no lo tienes de gran tamaño, nunca nadie excepto tú ocupó un espacio en él, es un rincón oscuro pequeño y lleno de moho. Ay!!! Cuanto diera por verte, pero no, ya te dije no siento rencor.

 Perdón por lo anterior, es que la canción de la radio había terminado y estaban en comerciales, que Dios te bendiga.

martes, 13 de septiembre de 2011

DESPRENDER




Qué bien se siente cuando sabes que has podido por fin ganarle la batalla a la adicción. La tentación se me ha paseado por la cara varias veces y he podido escupirla; solo Dios sabe que la he evitado, que me he contenido, y  si, se que algunas veces me he visto débil, con ganas de flaquear de sucumbir a su poderoso convencimiento, pero más fuerte ha sido mi definición, mi ganas de ser férreo, entero ante lo goloso del placer.
No me he enterado hasta después de siete días  que me has escrito pidiendo mi ayuda, mi socorro, que me has gritado desesperadamente que vaya en tu auxilio, te he respondido que lo haré, que alguna vez te juré que contarías con mi ayuda y aquí estoy para tenderte  mi mano, no sin pedirte disculpas por no ver en el momento tu mensaje, pero que aun así yo soy un soporte para lo que necesites, que mi preocupación en este momento es más grande , que no puedo imaginarte sufriendo, que en mi ser nunca existe  el descanso cuando sé que alguien podría estar mejor con mi ayuda y no la he brindado, así que aquí me tienes, aunque la distancia nos separe yo sabré franquearla para poner mis fuerzas a tu lado.
 Con unas frases cortas y recalcitrantes tu respuesta no pudo ser más diciente: “Gracias pero ya lo solucioné”.
Cuando tienes la convicción de tu voluntad, y un esfuerzo claro de tu batalla, el mundo entero lucha contigo, supe después del impacto que la mejor respuesta de tu parte pudo haber sido esa, ya sé que por lo menos sientes algo de rabia y rencor hacia mí, que en ese corazón que una vez fue mío he empezado a convertirme en alguien no grato, en un ángel que poco a poco ha perdido sus alas ante ti para transformarse en un ser muy terrenal, que cuenta con la gracia del destino de no ser necesitado por el ser que  en un momento fue su adicción.

martes, 12 de julio de 2011

PARA TI


AUNQUE TE ESCONDAS...
SE QUE ME SIGUES,
SE QUE ME LEES.

VOLVER A PENSARTE

Qué difícil es volver a hablar de ti, regresar a pensarte, ocupando nuevamente ese lugar en mi mente,  ahí donde había ganado la batalla y plantado la propia bandera,  en un terreno que solo debería ser mío, o por  lo menos de mi futuro y de quien me acompañe en él. No es cierto que el pasado siempre persiga, lo cierto es que el recuerdo se niega a abandonar su esencia, quizás sea un instinto de supervivencia, los sentimientos también quieren vivir eternamente. Me incriminas no luchar por lo nuestro, lo sé, soy consciente, pero nunca me ha gustado la taxidermia, ya sabes que nunca fue importante para mí la apariencia. Y te me vienes a mi después de este tiempo, no con una imagen de amor, sino como siempre solías permanecer, ese estado acusatorio para conmigo, que curioso, casi nunca te recuerdo riendo; me preguntas con tu voz querellante que sí creo en Dios. Que gusto me daría que supieras como todos los días le ruego a él por ti, así tu me hayas olvidado.

lunes, 20 de junio de 2011

VOLVER


Te pregunte por aquel reloj que te regale, se que antes lo usabas a diario, así como los lentes de sol, con los cuales aprovechabas cualquier oportunidad que te daba el clima para utilizarlos, que fue de las cartas que te escribí, ¿aun las conservas? Y el libro que te regale, ¿lo terminaste de leer?
Todo, todo lo que te di lo has guardado en una caja, eso me has dicho, las cartas, el libro, el reloj, los lentes, cada cosa que te recuerda a mí la has puesto ahí, y esa caja en la oscuridad de tu armario es lo único que te indica que alguna vez existió un “nosotros”.  Este relato lo acompañaste diciéndome como evitabas cada lugar que visitamos, los restaurantes en los que estuvimos, para no evocar nuestros encuentros, para no acordarte de mis palabras, de cada caricia, de cada beso, de cada “te quiero”, de todos los” te amo”.
No negaré que me golpearon tus palabras, pero aunque cada frase llevaba el rencor de la separación me pregunte, por qué no botaste la caja, porque no la quemaste, y así desaparecido de una buena vez por todas, ese fantasma en el que me había convertido; considere que la respuesta era que no habías podido olvidarme, y con esta idea recorrió por mi cuerpo un estremecimiento que en mi boca se convirtió en sonrisa. Tenía esperanzas, aun existía la tenue posibilidad de encontrar en ti toda esa pasión que lograba despertar, de volver el tiempo, de disfrutar los momentos que solíamos compartir de besarte sin motivo aparente, de tomarte por la cintura y recorrer juntos las calles, hablarte al oído y sentir como se contrae tu cuerpo, de explorarte bajos las sabanas, de sentir nuevamente esa explosión de nuestros cuerpos.
Me sorprendiste pensando en la posibilidad de rehacer lo vivido, cuando me extendiste con tus dos manos ese cubo, sorprendido recogí mis manos para no recibirlo, y muy suavemente lo colocaste sobre mis piernas, me dijiste gracias y te levantaste de la silla, diste media vuelta y te alejaste. Viendo aquel objeto me pregunte, como puede ponerse tanto amor dentro de una caja.

martes, 24 de mayo de 2011

RESPUESTA

Esperar implica paciencia, eso lo tengo claro, lo que conlleva a considerar una magnitud: El Tiempo. Pero donde queda la relatividad de este ¿Es algo subjetivo? Es decir, la paciencia tiene un grado, para alguien esperar tres horas para que lo atienda un médico es ser paciente, pero para otra persona ese tiempo de espera lo transforma de paciencia a inercia, ahora sin contar con el estado en que se encuentre e enfermo, no es lo mismo esperar un medico con un dolor de estomago que con una bala en el pecho. Es que la paciencia lleva consigo una resistencia, que como estamos hablando de humanos, también llega a cambiar dependiendo el sujeto, Job, nuestro modelo de paciencia bíblico, se podría decir de él que tiene un umbral de resistencia altísimo, situación con la cual no me puedo identificar, pero que he visto y aprendido a entender que sí existe en otros, y con mayor acentuación que la del referente ya mencionado. Diría que ya que sobre tu condición no se ha escrito nada, podríamos interceder para que exista un libro que relate la paciencia que has tenido durante todo este tiempo, todos estos años, y con mucha seguridad que le arrebatarías el puesto del mísero Job.
No logro calificar tus actitudes, alguna vez quise pensar que había algo de perversidad en tu esperar, en la manera en la cual  expresabas que estarías ahí todo el tiempo que fuera necesario, y que tras esa frase existía un plan más misterioso para alcanzar tu cometido, pero no era así, fueron malas mis apreciaciones; después pensé que podría ser ingenuidad, que va, si algo has demostrado es que la inocencia ya abandonó por completo tu actuar. Mis dudas no pudieron agravarse aún más cuando con el pasar del tiempo seguías ahí, firme, incondicional, tal como lo dijiste, pero tuve más esperanzas, sabía que el tiempo tenía que hacer su trabajo, que aún no era el momento pero q ya llegaría el abandono de tus convicciones y la espera por fin terminaría. Y aparecieron los años, pasando uno tras otros, pero no sin dejarme de preguntar día a día por ti, por lo que pudieras estar pensando y si había existido así fuera por un segundo en tu pensamiento el deseo de renunciar a  tu causa, pero la medida de los acontecimientos me daban la respuesta de un no rotundo, pensé que lo tuyo era valor, nada más férreo que el valor, pero aun así no comprendía como el paso de los calendarios no menguaban tu fortaleza, debía existir algo más, y de vuelta me volqué hacia la maldad, hacia la tortura, aunque no sabía cómo esta clase de parecer y sentimientos podrían en algún momento anidarse en ti, lo que si era claro era el martirio que me producía tu paciencia, tu espera, me incomodó al punto de llegar a confrontarte, a preguntarte el por qué, pero tus palabras no pudieron ser mas desconsoladoras y al tiempo tormentosa, “seguiré todo el tiempo que haga falta esperar”, quise olvidarme del asunto, pensar que no existías, que nunca exististe pero fue en vano, si antes pensaba en eso un vez al día, ya se había vuelto costumbre no apartar de mi cabeza este asunto, hasta que por fin lo comprendí, llego a mi esa luz que lleno de claridad mi pensamiento y lo supe, entendí por fin que lo tuyo era puro y destilado Amor, no podía haber otro sentimiento en el universo que describiera esa espera infinita que habías decido aguantar por mi, para recibirme nuevamente y que todo pudiera volver a ser como antes. Debo decirte que me siento más tranquilo, ya casi no pienso en tu espera, ni me mortifica que el tiempo pase y sigas con la aprehensión a tu deseo de tenerme de vuelta, y aunque entenderte a disminuido considerablemente mi ansiedad debo decirte que aun no estoy preparado, y que quizás nunca llegue a estarlo, no te diré que dejes de esperarme porque sé que tu repuesta seguirá siendo la misma “Esperaré todo el tiempo que sea necesario”.

sábado, 14 de mayo de 2011

CAE LA NOCHE




Habernos citado en ese restaurante tenía su propósito, eso lo descubrí en el momento en el que terminé de leer tu nota, igual yo también quería verte, saber que era de ti, qué hiciste todo este tiempo,  si tu vida igual que la mía había cambiado tanto, y en una intención más profunda, quería saber si aún me amabas.
La ansiedad me llevó a llegar temprano, pedí una copa, y me perdí en los pensamientos, en imaginarte como estarías, si aun tendrías ese pacto con la belleza, con el misterio de lo lindo, y que hacía que esa luz se desprendiera de tu cuerpo cegándonos a todos los que osábamos  estar cerca, un relámpago irrumpió mis pensamientos y te vi frente a mí. Me equivoque, estabas aún más hermosa, ya no era una luz la que te rodeaba era toda un estrella en explosión, que en ese momento me lograba dejar invidente, te anhele, quise abalánzame sobre ti y besarte, pero la cordura me llegó en ese momento y atine a ponerme de pie, tomarte el brazo y rozar mis labios en tu mejilla, te pedí que tomaras asiento accediste con una risa más brillante aún.  Que linda tarde, reímos, nos acordamos de todos los buenos momentos que vivimos, te conté como me gustaba verte con aquel vestidito negro, tú me dijiste que aun lo usabas, y cada que te lo veías puesto te acordabas de mí, de cuanto te deseaba metida en ese pedacito de tela oscura. Me hablaste de lo mucho que te habías asustado el día que me había enfermado, de lo ansiosa que estabas ese día y de las palabras que me dijiste al oído “Prométeme que no me dejarás nunca”. En este momento me arrepiento de no haberte cumplido, de necesitar irme, de dejar que las cosas cambiaran, dejar de verte para luego desearte, y volverte a querer olvidar; en este instante comprendí porque lo decidí en ese entonces, pero hoy después de dos horas de compartir contigo entendí que tu también habías cambiado, que ahora estabas mas llena, mas crecida y que habías aprendido de la vida, comprendí que mi acción genero eso en ti, te desee mucho  mas, tu lo notaste se me veía en mis ojos. Seguiste trayendo el recuerdo de nuestros mejores momentos, el día que nos acostamos desnudos en nuestro balcón a tomar el sol, sin importar que nos viera la gente, la vez que me tocó llevarte cargada en mis brazos hasta la cama porque estabas demasiado bebida y me culpabas por estar así, la noche en la piscina donde casi me ahogo por tratar de besarte bajo el agua, de tus gritos incontrolables cuando hacíamos el amor, nos acordamos de eso y muchas cosas más.
Descubrimos que la noche ya había llegado cuando por fin secándonos las lágrimas de tanto reírnos, el mesero nos informó que ya iban a cerrar, pague y salimos a la calle al frio de la noche, y fue ahí de pie, y sin protocolo que me dijiste porque me citaste en ese lugar, este día, porque sabías y te habías convencido que lo nuestro valía la pena y deseabas que nos diéramos otra oportunidad; quise decirte que si! Que yo también lo creía así, que nos fuéramos lejos y viviéramos de nuevo todos esos recuerdos que teníamos, que disfrutáramos, porque juntos fuimos felices, pero así como hacía unas horas la cordura había caído sobre mí, nuevamente hizo su aparición, y te dije que lo sentía, que no podía, que yo ya era otro, y que la vida es tan corta para vivir de los recuerdos en un futuro que se basaría solo en tiempos pasados, te dije que nuestro tiempo en este mundo es tan efímero y quiero vivirlo, no como leyéndolo en un libro de historia, si no escribiéndolo en una novela inconclusa en la cual se puede cambiar el curso y de personajes y que al final, en la conclusión esperaba haber aprovechado cada segundo, muy seguramente tu nombre estará en los agradecimientos de este libro.
Me miraste a los ojos, tomaste mi cara entre tus manos, y me diste un beso mágico de esos que solo tú sabes dar, te secaste las lagrimas y volviste a acercarte para decirme al oído que no te culpara por intentarlo, diste media vuelta y saliste caminado del restaurante y de mi vida, alumbrando a tu paso la negra noche.

martes, 10 de mayo de 2011

SUMAS Y RESTAS


Sé que han  querido hacer todo lo posible por hacerme caer, y sobretodo tú  has dedicado gran parte del tiempo para analizar, crear, imaginar la estrategia y la forma de que me llegue el fracaso y que según tu enfermiza sabiduría, la vida me de la paliza que me merezco; pero te tengo noticias, eso, lo que tú quieres, no depende de ti. Me has hecho pasar malos momentos, lo reconozco, te esfuerzas cada vez más con planes más elaborados, algunos me sorprenden y tengo que admirar lo complejo e intrincado de tus ardides, aun así, te repito, no depende de ti, ni siquiera de mí, es que no obedece a la intención de alguien  que tú conozcas. Has querido cortar mis alas, y aunque lo lograras, muy seguramente algo pasaría contrario a tu objetivo, el viento soplaría tan fuerte que me elevaría aun más alto de lo que me has visto. No me rio de tus fracasos, no, entiéndeme que mis carcajadas no son por eso, me rio porque en la mitad de la noche, ese alguien que tu no conoces y que si tiene el poder sobre mí, me habla al oído y me dice que sea feliz, es por eso que en la mañana cuando tu suerte es buena y me puedes ver, te admiras de mi sonrisa. Hubo una ocasión en la cual tu trampa me hizo dudar, me sentí desfallecer, pero esa misma noche  me pregunto qué me había robado la felicidad, y le conté, la siguiente pregunta que me hizo fue ¿Qué es lo peor que te puede pasar? Yo le conteste que le temía a tu astucia y que lo peor era que lograras hacerme caer, y que por fin me hicieras meterme de narices contra el piso. Su respuesta fue que no podía evitar que eso me pasara, pero lo que si podía asegurarme es que cuando tuviera mi cara metida en la tierra, al abrir mis ojos lo primero que vería ahí, entre el barro y el fango del sucio suelo,  sería una joya que alguien había perdido, así que no te preocupes, me dijo, al final después de sumar y restar te aseguro que a mi lado, seguirás ganando.
Por eso insisto en que sigas tratando de hacerme daño, lo que lograras es que después de la ecuación, yo me quede con el botín.