A Razón
Cuando ya había ganado y todas la batallas eran historia, cuando por fin me encontraba viendo el horizonte sin la amenaza de los azares de la vida, había declarado mi terreno, clavando mi bandera de victoria, solo yo y nadie más que yo permitía la entrada a mi reino, convivía con quien quería, y tenía planeada este resto de vida y las otras que me quedan, cuando dormía plácidamente y la única agitación de mi sueño era la escena inconclusa de una historia bien contada, justo ahí cuando la paz reinaba en mis dominios, apareces tu.
Derrumbaste toda barricada, abriste la entrada metiéndote al fondo de mi ser y dejando pasar contigo toda esa historia, recuerdos, momentos, las palabras, los silencios todo eso contenido en un pequeño, tonto, inocente y vil punto. Y vuelve a aparecer la batalla, no las fáciles, las que gané con mucha ventaja; aparece la más difícil esa que libro contra mi mismo, y comienza la contradicción, contigo, sin mi, conmigo, sin ti, ya no coordino, no pienso y mi cabeza va ganando más peso. Y es que el miedo que yo siento es estar a la deriva, sin brújula, enfrentarme a lo no planeado, metiéndome en la espontaneidad de la vida, dejando que sea el destino quien decida lo que pase conmigo.
Y ahora no se que debo hacer, peleo con mi consciencia, y me reprocho, luego vuelvo a sentir esa dulzura que deja el decir "ya pasará lo que tiene que pasar", dejárselo al tiempo a la fortuna a la buena o mala dicha, a dejar que la vida pase. Pero sigue la incertidumbre, me despierto entre embates, decisiones no tomadas y vuelvo otra vez al estupor de la encrucijada.
Mientras todo eso pasa, ahí sigues tu, tan como siempre, mejor que antes, más que nuca, deslumbrando con tu presencia, sin hacer nada, sin esfuerzo sin siquiera un gesto alentado por ganarme el terreno, es que no lo necesitas, al vernos frente a frente, yo se de antemano que he perdido la guerra, la estrategia está en no dejártelo saber.

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