miércoles, 26 de diciembre de 2018

CONTRAVIENTO




Me senté a esperarte en esa banca del parque, llegué 30 minutos antes, no tanto para ser puntual, como para poder verte mientras caminabas hacia mi, lograr detenerme en tu movimiento, volver a analizarte, escudriñar tu atuendo, perderme en tus gestos. Puse mi morral al lado, como protegiendo el lugar, ese espacio que solo sería para ti, ese reflejo del pedazo de mi corazón que nadie más ha podido llenar y que tardé tanto en entender que solo te pertenecía, que era tuyo desde que te conocí, pero en cada voltereta del tiempo me engañaba descartándote una vez más, aunque sabía que los trucos funcionaban cada vez menos, me repetía la mentira muchas veces buscando excusas en alguien que me agradara, pero al final la verdad siempre relucía en mi cara, hasta que por fin me harté del juego, entendí que seguiría siendo una tontería los artilugios con que pretendía olvidarte, que siempre existías en mi, estuvieses en el lugar del mundo que fuere, que te pertenecía, que te pertenezco y siempre ha sido así.

Tomé valor para llamarte, no sé que pasaría, me lancé; al otro lado tu voz trémula, casi apagada alcanzó a atravesar débilmente el aparato para entrar en mi oído y lograr escuchar un saludo formal, me identifiqué esperando un cambio que no llegó, me volviste a saludar, y creo que el silencio logró apagar mi mente, no se cuanto tiempo pasó, hasta que reconocí tu voz recriminando la mala señal, -Estoy aquí- te dije sobresaltado, y volviste a tu voz de indiferencia. Quería decirte cuanto te había extrañado, las noches que me descubrí a mi mismo con lagrimas latigando mi torpeza por dejarte marchar, los días incontables que anidaste mi cabeza ausentándome de la realidad, los anhelos secretos que sentía al imaginarme volver a tocar tu cuerpo, las caricias que me diste, que te di, que nos dimos y las otras que no quisimos, la explosión de mi pecho al volverte a ver. Sin embargó apile como pude cada sentimiento, los guardé y solo atiné a decirte que quería saludarte – ¿Estás en la ciudad?, vaya que sorpresa yo igual- y si que fue una sorpresa, sentí mi corazón queriendo salirse por un costado – ¿Quieres que nos veamos? - alcancé a interrumpirte con esa interrogación, sabiendo que no podrías negarte, y así fue, pusiste día, hora, lugar y aquí estoy esperándote, repasando en mi mente cada palabra, practicando un iluso juego de roles de dos personas que se conocen, que se reconocen hasta la saciedad, que repasaron centímetro a centímetro cada pedazo de la piel para grabar con la punta de los dedos la pasión en la mente que ejerce el deseo, que compartieron secretos y sueños, que se abandonaron el uno en el otro, para dejarse caer en algo que no alcance a definir pero que tu llamabas amor.

Miré a ambos lados tratando de adivinar por donde aparecerías, seguro a mi derecha, si mal no recuerdo hacía allá queda tu casa, o tal vez quedaba, quizás habías decidido cambiar de lugar, así como decidiste en algún momento cambiarme a mi, no darme otra oportunidad, te cansaste de mis indecisiones, de mi falta de apego, de mi engaño mezquino; me sobresaltaron unos gritos agudos, giré mi cabeza en la dirección en que se generaban y alcance a ver a un grupo de niños en los juegos calcados que pone la municipalidad en cada parque que remodela, un vendedor con su carro de helados apoyado en la baranda de separación de los juegos, moviendo erráticamente las campanillas para anunciar su presencia, con la mirada perdida hacia al vacío. A veces juego a inventar la vida de extraños, de transeúntes que pasan en su propio afán, de personas que están en una cafetería, en cualquier lugar, me imaginé a aquel vendedor llegando a casa esa noche, a su familia esperándolo, tal vez un hijo o dos, mirando por la ventana a la entrada de la calle esperando con los ojos brillante a que apareciera papá con la cena de esa noche, la alegría al reconocer a la distancia al hombre de familia, los gritos ahora en la terraza acompañados de palmadas y vítores que hacen que el corazón de ese hombre se hinche y sepa que vale la pena cada paso que da empujando el carro de helados, bajo el sol, la brisa, la lluvia, la inclemencia que vive no se compara con la felicidad que le produce cada regreso a casa; así te espero yo en este banco de parque, si no fuera tan tonto y tan estúpido, también gritaría de alegría al verte, opacaría las voces de todos los niños en los juegos, saltaría acercándome a ti y te agarraría en mis brazos tan fuerte hasta ahogarte y devolverte la respiración con un beso largo y prolongado de esos que nos dábamos cada noche antes de dormir. Pero no, controlo mis impulsos, se que seré aplomado ante tu presencia y no he decidido aún si dejo que hables primero o lo intento yo, es un plan que a este momento no perfecciono.

Reviso el reloj, 8 minutos para la hora acordada, siento unos ojos fijos sobre mi, levanto la mirada al frente, pensé encontrarte, unos ojos se posaron desafiante sobre los míos desde la otra banca, una sonrisa apareció, no se porque respondí de la misma manera, lo ultimo que quiero es conocer a gente nueva, bajaron nuevamente y se mantuvieron con un movimiento horizontal sobre un libro apoyado en una mano que lo acunaba como cuando sacas un pájaro de una jaula, giré mi cabeza hacia la izquierda, el señor de los helados ya no estaba, un grupo de madres y niñeras con uniformes impolutos se mezclaba cerca a la baranda de los juegos, mire hacia mi derecha, el lugar donde aposté que aparecerías, dos ancianos conversaban sentados en una escalinata del monumento de un prócer irreconocible, una mujer empujaba un coche de bebé, de esos modernos que parecen sacados de una película de ficción a través del corredor central del parque y recién reconocí que oculto a mi vista por un árbol que se encontraba a un costado, había un puesto de revistas y chucherías, una señora entrada en años y obesa era la dependienta, sentada frente a la caseta en un banco metálico que hacía mucho tiempo gemía un esfuerzo sobrenatural por no ser acabado por el óxido. La mujer miraba a cada lado y movía los labios como rezando una letanía, tal vez oraba por clientes, para que la situación mejorara, seguramente al llegar a casa en la noche no habría alegría o niños gritando como al señor de los helados, no, seguramente la esperaba la soledad, interrumpida a media noche por un marido borracho que hacía años se había cansado de golpearla, pero en su orilla de la cama ella se repetía que era mejor vivir con él que estar sola, que mal o bien los golpes ya habían cesado y que en el fondo el cariño de ese hombre era para ella, de que valía una vejez sin compañía. ¿De que valía mi vida sin tu compañía? Por eso me aventuré a verte nuevamente a contarte lo mal que lo pasé sin ti, a ponerme de rodillas si era necesario y rogar que entraras en mi mundo otra vez, que fueras tu mi mundo otra vez; mire el reloj, pasado 12 minutos de la hora, sentí los ojos nuevamente sobre mi, los miré, la sonrisa apareció pero no fue contestada, detallé esos labios, le daban una armonía a un rostro que brillaba aún por la hora, cuando el sol ya se ocultaba y las sombras aparecían; por primera vez temí que no llegaras, que me dejaras plantado en ese lugar, que me cobraras con tu ausencia todo el daño que te había hecho, que me hicieras pagar mi huida, la falta de compromiso, mi sabotaje a tu paciencia, pero recordé que no eras así, que tu nobleza sobrepasaba tus orgullos, que tus sentimientos blancos opacaban los odios negros que podían aparecer, me tranquilice.

No se en que momento se encendieron las luces, ya no habían niños en los juegos, la caseta de revistas estaba cerrada, los ancianos se habían ido y dieron relevo en las escalinatas a una pareja de novios que se besaban bajo el rostro apacible del extraño prócer, frente a mi pasó raudo el hombre de los helados, muy seguramente tarde para llevar la cena a sus hijos, todo el paisaje había cambiado en el parque, menos esos ojos, que cada tanto como en una actividad cronometrada, dejaban la lectura para posarse sobre mi, los miré fijamente, ahora quien emitió la sonrisa fui yo, creo que en un acto de cortesía o tratando de no parecer un malévolo extraño desocupado, esta vez hubo respuesta, esos labios, ese rostro, las manos tan finas en el libro, la elegancia de la silueta a contra luz de las lámparas del parque, baje mi mirada con algo de vergüenza por mi escrutinio atrevido, busque en mi muñeca el reloj, mi temor ya era comprobado, pasado 52 minutos después de la hora ¿Por qué lo esperaste tanto? ¿Ya lo tenías planeado? Esta era una venganza que preparaste durante todo este tiempo, ¿sabías que iba a llegar el momento en que te buscaría nuevamente? A este punto no creía tampoco que estuvieras en la ciudad, tal vez estabas en tu mundo, riéndote de mi, de este pobre tonto que estaba recibiendo su merecido, brindando por tu buena vida, dándole gracias a Dios por no haber cargado con este perdedor, en este preciso momento supe lo que duele, sentí acuñado mi pecho, pase mi manos por mi cara, creo que alcance a secar una o dos lagrimas, tal vez era sudor, Dios quiera que hubiese sido sudor, me acomode la camisa impulsivamente, te maldije hasta mas no poder, lo hice con tanta fuerza para que atravesara el espacio y pudiera llegar directo a donde te encontrabas, saque tu nombre de mi cabeza, desdibuje tu rostro de mi recuerdo y me hice jurar enterrarte en el pasado. Miré el reloj, ya fue un gesto más, el parque ya vacío daba indicio de la hora, sentí los ojos, los miré, entendí que desde hacía un largo rato el libro era un pretexto, no había luz en ese punto, sonreí, me sonrieron, tomé mi morral y lo levante del banco apoyándolo sobre mis piernas, los ojos se pusieron de pie y caminaron hacia mi a sentarse a mi lado en ese espacio que antes tenía separado para no se quien.




domingo, 2 de diciembre de 2018



UN SEGUNDO


Llegó la luz, las tinieblas se esfumaron, fue un amanecer sano, casi sin darme cuenta desaparecieron mis miserias, despareciste tu, tanto que pedí e imploré por señales, que más que este borrón, ahora ni más.

Y es que de cualquier empalizada sale un lobo, así atacaste, o más bien me deje atacar, nuca has sido tan inteligente como para planear una emboscada, aun con tu cara; de noches mensajes insinuantes, de mañana un pienso en ti al despertar, durante el día me acuesto con alguien más, que rutina la tuya, pero peor, que estupidez la mía, que falta me hace tu infidelidad de fines de semana, aun necesito dolor ¡Qué cosa! Aunque de eso hay mucha gente que podría infringírmelo, ya llegaran y lo mejor es que también se irán. Pero en verdad ahora no necesito nada, más bien a nadie, menos a ti, ni a ti tampoco, también va para contigo, es mejor el tajo desprevenido, que la languidez agónica, eso es lo bueno de este sano amanecer.

Ya tengo a quien mirar, con quien contar, siempre ha estado aquí, ciego yo que nunca quise ver, o tal vez si, pero me hacía el de no entender, me ama, me soporta me comprende y ha prometido en silencio nunca dejarme, siempre se va a quedar a cenar y por supuesto estará aquí al despertar, ese es el compás que necesita mi vida, lo que queda de ella, como bandera maltrecha después de la batalla, permaneció siempre como esa espina que nunca sale de la piel, como el recuerdo que nunca se va y viene a acompañarme a caminar (Nunca lo dejó de hacer), sus manos delicadas rozan mi piel y se siente bien, lo que hace mucho tiempo no sentí, hoy voy a honrarle y por el resto.

Lo siento ya no estoy para ti, así lo haya prometido, estoy para alguien más que siempre ha estado conmigo en este espacio de tiempo, en la eternidad.






viernes, 30 de noviembre de 2018

 


QUE TE VAS


Casi nunca has tenido nada que contar, pero ahora si en verdad se te acabó el repertorio, no hay palabras, gestos o improvisaciones de voz, no existen esos abrazos ficticios, los besos que buscaban mi aprobación, ya todo quedó vacío, ya todo se acabo. No niego la fatiga o el cansancio de desear que la función durará un poco más, es mi hábito de querer entretenerme, en este mundo de tanta colisión con la realidad, pero esa misma te ha llegado, sin saber ya que mas sacar del sombrero, seguramente maña me llamarás a mostrarme un truco nuevo, pero ya mi atención estará puesta en la esencia de lo que vale la pena.

No todo fue en vano, goce, reí y lloré a montones, aprendí lo que me tocaba, supe lo que era el dolor, ser herido y aún peor, haber perdonado esas traiciones, me sobrepuse a mi orgullo, me levante entre mi ego, aparté mi amor propio, con la vana idea de seguir de espectador de tu función; hoy que analizo, los actos teatrales no eran buenos, más bien lánguidos y con baches, pero yo los llenaba con mi brillo por querer mantenerte en escena, por verte y extasiarme en tu rostro, pero la verdad no contaban con un buen guion, la historia al final no ofreció lo prometido y el histrionismo quedo por los suelos. Bueno, mejor para la próxima.

Siempre me evoco en los adioses y las despedidas, si hubiese una pintura sobre mí, congelarían una imagen de una mano infinita moviéndose en el viento, pareciese que a eso me dedico, a dejar que pase gente por mi estación, tome lo que necesita y luego suba al tren para alejarse de la misma forma en que llegó. No digo que no los vuelva a ver o saber de todas esas personas, siempre llegan cartas y alguno que otro recado, sobretodo cuando lo que se llevaron ya se ha acabado, así llegarás tu, cuando nuevamente necesites saciar tu necesidad, y estaré atento, pero ahora tendrás que ingeniarte otro espectáculo, y que en realidad me llame la atención, en tanto tiempo te puedo decir que ya he visto casi todo, pero se que podrías superarte… mentira, no llegarás nunca a eso, tu estrellato fue malo, tengo que decirlo, y exigía mucho del publico, ya me canse de empujar tu obra.

no podría decir, aunque quisiera que fue bueno mientras duró, porque no se ajustaría a la certeza y estaría deshonrando el trabajo de quienes saben hacer entretener, pero fue un rato que en su mayoría aproveché, así como te aprovechaste de mi, que para este caso está claro que es mi ejercicio favorito. Llegó la hora de agitar mi mano, pues, aunque no quisieras ya tu tren partió para mi, así en una vaga idea sientas que aun se encuentra detenido en la estación, tengo que decirte que no es así. ¿Quedan resentimientos? De parte mía tal vez y es que pagué una boleta muy cara para tu deplorable función.








domingo, 21 de octubre de 2018





AMPUTAR



Te libero, no es necesario que sigas aquí, no por mi, nuestro trato terminó, tu camino seguramente sea más largo que el mío, mi recorrido hace tiempo lo empecé, estos zapatos que llevo demuestran las jornadas, los tuyos en cambio, aún nuevos, ansiosos y con muchas ganas de andar, que no sea por mi que no logren sus sueños; ve, camina, anda, besa, engaña, festeja, enamora, que tu alma está llena de acrobacias, por mi parte ya todas las conozco, ese "performance" que tu crees nuevo yo lo inventé, con más detalles espectaculares, que seguramente la práctica te enseñe a superarlos.

Ya no hay obligaciones o promesas que cumplir, todas las cuentas dalas por saldada, en mi libro no existen acreencias a tu nombre, así que corre, vuela, visita muchas otras camas, ríe, goza, trasnocha, desvélate, junta los amaneceres a las fiestas, baila a carcajadas, no pienses en las penas; si por algún motivo aparezco en tus ideas, bórrame, deshazme, olvídame, no seré ya nadie que te atrape, no hubo besos, no existieron las caricias, fueron inventos los te quiero, todo eso si estaba escrito hoy ya son cenizas.

Mis augurios son buenos, serás muy grande, importante, marcarás tus pasos, tus amores, tus amigos, tus alrededores. Muy seguramente te veré algún día y sabré que fue lo mejor, me mirarás, y con un gesto entrecortado me darás a entender que romper esta cuerda que nos unía fue un acierto.

Se que no es fácil, pero por favor, no mires atrás.

domingo, 5 de agosto de 2018



Y AHORA



Todo cambia, se transforma, se recrea, se reforma, se permite adicionar, adosar, anexar, así como también, sustraer, quitar alejar, o quizás otras veces, moldear, tornear, afinar, lo realmente importante del cambio es aprender, crecer, avanzar.
Hoy mi querido compañero, no he venido a escribirte, a llamarte y mucho menos quería nombrarte, pero es necesario que lo haga para que con esto puedas alejarte, y es que en el momento que no tienes anotado en tu agenda, en ese espacio en el que crees que todo será igual o peor, aparece tu antagónico. Si mi apreciado dolor, hoy no se trata de ti, y aunque te traiga a esta charla, tu presencia será breve, tus efectos pasajeros y tu recuerdo espero que borrado en el tiempo; y es que el cambio comienza con lo que menos esperas, algunas veces una frase, un momento de iluminación, una persona, un cuento, un accidente, muchas cosas que no tienen fundamento, otras totalmente llenas de razones y entendimientos como una mirada, como un inesperado encuentro, cuando te comunicas sin saberlo, los gestos, las poses, el cuerpo, cuando sales de ese fortuito espacio, y te siguen, te entienden, te responden y te llenan el rostro de sonrisas, de camelos que van y vienen como la brisa.
Y ahí llegaste felicidad, te instalaste tímida y esquiva, aparecías y te escondías, te mostrabas llena y algunas veces vacía, pero nunca huiste de este encuentro, permaneciste firme aunque pensara que lo que ocurría demostraba duelo; me agoté lo confieso, quise abandonar el camino, en cierto momento, no por mi, no por los dos, eso lo tenía certero, era por eso, por el pasado, por no prever que en algún momento podía meterse el recuerdo. Pero a través de las nubes el sol proyecta sus rayos, la mañana se dispara y anuncia su presencia, aunque la opaque el agua, bajo la tormenta sabemos que el día comienza, y permaneciste, perseveraste para acompañarme, para mostrarme lo que me tenías preparado, para por fin decirme que era el amor, para ponerlo en mis ojos, para instalarlo en mi alma, para inundarme el corazón.
Las cosas vienen de a dos, no conocemos el día si la noche no existiera, no sabríamos del mal, si el bien no emergiera, no conocería la felicidad sin que el sufrimiento nos doliera, pero también las cosas lindas se multiplican y vienen de a dos, de a tres y de miles, esto que siento que llena mis venas sube a mi cabeza y del piso me despega, solo lo hacen tus besos, tus caricias, tus cosas buenas, gracias por tu mirada, por tus ojos, por esas pestañas, llenaste mi vida en el momento en que la ultima gota se despedía, me enseñaste a reír, también a llorar (sabes que vienen de a dos), te metiste en mi piel, en mi andar, me empujaste a creer, a tener fe, me llevaste al final del mundo y me recogiste, así, como eres tan especial tan fuerte y me dijiste que lo hicimos juntos; quiero llenar tu vida de esto que soy, quiero que me tengas, que estés conmigo a donde voy, quiero ser tu amigo, tu cómplice, tu amante, quiero ser lo que deseas, tu amor constante, quiero ser tu prometido, tu sueño, de lo malo tu olvido, quiero al unísono crear, inventar, el mundo vivirlo, quiero ser tu pareja, tu esposo, tu sendero, tu camino. Sin nombre o etiqueta también es válido, si no hay bautizo el mundo aun seguirá girando a nuestro al rededor, en este universo, el que creamos los dos, para instalarnos en un rincón que llamamos nuestro, para dormirnos abrazados cuando lo queremos, para meternos dentro de nosotros y saber a que saben los deseos, para despertar y enterarnos que, aunque los sueños parecieran terminar, también son eternos.

Bienvenida mi gran amiga, no esperaba verte en este mi tiempo, nuestro tiempo, mi estimada felicidad.

miércoles, 6 de junio de 2018

Al 50



Completé 48 horas pensándote, 48 largas horas rumiándote en mi cabeza, así enteras, porque dormido también te soñé, y soñé que te pensaba, así completas, 48 con sus minutos y segundos, no más no menos, acaban de ser 48. Este es quizás el preludio de un olvido, es tal vez mi mente queriéndote borrar, sacarte, anularte, buscándote tener por ultima vez, y por eso no se suelta, no se halla sin ti, no te deja ir, así como ese abrazo de hoy, en el que la separación tardó, pero al final llegó.

No me reconozco, perdí mi imagen en algún lado de este camino contigo, no se donde quedó, o si tal vez pueda al devolverme encontrarla, quiero intentar rencontrarme, ser quien era; las personas que siempre están a mi lado no me conocen, muy pocos me alcanzan a distinguir entre los gestos descompuestos de mi cuerpo versando acciones fraudulentas para  maquillar el llanto, algunos me sacuden en un intento desesperado de sacar de mis pantalones mi verdadero yo, al pasar frente a la vidriera reconozco en el reflejo las ojeras de las 48, las mismas que me taladran las sienes, las 48 que en este momento me tienen pensando si me quieres.

Y me dices que te hable, como si con mi dolor no lo hubiese gritado, me pides que te diga, y que mas van a expresar estos labios que solo querían besarte, que se mueren de ganas por muchas historias contarte, que mas quieres que hable, si no hay sonido en esta garganta que pueda adivinarte que no soy solo yo, que aun existe esa sombra que sobrevive porque le das luz, no la has querido desaparecer porque tienes la esperanza de que siga dándote lo que te dio, porque aun lo guardas como un comodín de lo que fue, de lo lindo, del placer. Y me toca tragar  una a una las palabras que ya tenia practicadas, para traducir la verdad, para explicarte que tan mal me va, cuando tu no cumples las promesas, cuando entre esa sombra y tus acciones me hacen perder la cabeza, cuando ya no queda nada de mi, y empiezo a grabar tu recuerdo deleble después de las 48 horas sin suerte.

Al posar mi cuerpo para enfrentar la noche, y sacar nuevas cuentas que se suman a las 48 ya adicionadas a mi alma, veo la casualidad, al cortar las horas, de las totales agotadas y partir a la mitad, mis reflexiones ya dadas, veo que son 24, el mismo 24 que nos juntó, el mismo 24 que te pido que olvides, igual que yo.

domingo, 29 de abril de 2018

El Viento a Favor



Y ahora vienes después de andar por ahí, como dices tu. Un recorrido de años infinitos para mi; levantaste tu mano abierta en mi cara, pidiendo tiempo, aduciendo que lo necesitabas, adelantando mi respuesta como si nada, imaginándote un asentimiento que no salió de aquí, y cogiste rumbo, yo quedé en esta celda de soledad, una condena que hoy acaba, con tu regreso, con un final.

Llegas y me parece un retrato viejo la forma en que estás, de la manera que entras para ponerme a pensar, con tus puños cerrados y extendidos, hoy comprendo que todo sigue igual, yo soy el que decide, tu quien anuncia el mal, no ha cambiado nada, el camino no te melló, tampoco el tiempo te transformó, solo por encima te pasó, sin más, sin menos, seguimos con el mismo juego. Quiero que sepas que en tu ausencia cada dos días te pensé, y uno por medio te lloré, inventándome pájaros en la cabeza, caminos de regreso convertidos en tristeza, hasta amaneceres que se llevan los males, con anocheceres llenos de detalles, de recuerdos fieles de tu cara, de tus besos que ya no eran reales.

 Hoy no quiero ser tu amante, ni tu mejor amigo, quiero que seas libre, que ames a mares, que encuentres tu destino detrás de tanto equipaje, deseo soltar con fuerzas las amarras de tus caricias, la yema de tus dedos en mi piel, los labios en mi ser, el ritmo del querer. Solo pensarte afuera, sin ataduras, me entra el miedo de alejarte, pero no tengo el alma para rogarte amor, no queda en mi ganas para mendigar cariño, mucho menos pedir perdón.

Luz de la mañana, café y despertar, un día más sin ti aún teniéndote en mi cama. Cómo hacerte entender que me alejaste de ti? Saliendo a caminar, pensándote en mi andar, regreso con un discurso inventado, con los santos de mi lado, un fundamento bastante cargado, que acaba con tus maletas en la escalera, y se frena con un beso en mis labios, que me supo a obituario, que me vistió de luto, y dejó tu imagen marchándote en mi recuerdo, para decirte en esa carta que cargabas en tu bolsillo, que quiero que ames libre aunque no sea a mi, que despliegues tus alas, que decidas, y si mañana aun con el querer que tengas no te enfadas, recuerdes que te di mi alma, te entregue mi vida, y si con esa alegría que te embarga quieres regresar, recuerda que por nada en este mundo me vas a encontrar, ese besó que me diste sello el fin de un nosotros. Te deseo buena mar…

viernes, 9 de marzo de 2018

CMN


CMN






Buscando un documento importante que no recuerdo, me encontré esa cadena que me regalaste hace algunos años, en esos tiempo en que me decías al oído “amor cuanto te amo”, no debe tener ningún valor comercial, no es de metal, es un hilo que imita al cuero, entrelazado en tres cuerdas prensadas entre sí, así como al final terminamos los dos, pasando de una pareja a un trío que unía nuestras ganas, que se restregaba uno con otro, algunas veces uno otras nosotros, una invitación que no lance yo, una llegada que ahora que lo pienso me asombró.

Reconocí la belleza en esa cadena, lo bien que se veía en mí, recuperarla no era mala idea, solo que advertí los nudos que con ella hice, sin saber, sin proponérmelo, muy seguramente en algún momento de desesperación, de soledad infinita cuando comprobaba que en este espacio solo quedaba yo. Intenté desenredarla, apure a desanudar, a tratar de soltar, a sacar entre aros propios del material esa misma consistencia apretada con la cual formaba esferas a manera de cuentas en un total; inicialmente infructuoso, pero como casi todo en la vida con algo de fuerza y paciencia lograron las fibras empezar a relajarse, no sin antes soltarse escamas de los hilos, desprendiendo el tripleagarre de los extremos y debilitando en su recorrido, tal vez por el uso o el desuso, la integridad del accesorio, desprendiendo y rasgando su continuidad hasta no ser más que pedazos de cuerda de un material irreconocible, todos los pedazos separados y ajados.

No hay mejor analogía, así fue lo nuestro, al final se desintegró a pedazos, dejando de representar el amor que nos profesábamos, el mismo que me juraste cuando esa cadena me entregaste, y entiéndelo no fue ese tercer hilo que ingresaste a nuestra ecuación lo que me afectó, fue que nunca me enteré que estaba entre nuestras cuentas, solo al final cuando mi hilo luchaba por dos, el tercero por tres y segundo que eras tú, por ningún interés , o quizás solo por ti, supe que montaste un vil ardid,  espero que por lo menos hayas podido recoger los pedazos para rehacerte a la perfección, porque la verdad es que ni con todo el empeño del caso he podido recomponer esta cadena. Esta noche no me ha tocado otra cosa que echarla destrozada a la basura, ahí en el mismo lugar donde dejé tus pablaras tu besos y miradas, para que por lo menos sea un solo paquete el que botar.