viernes, 9 de marzo de 2018

CMN


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Buscando un documento importante que no recuerdo, me encontré esa cadena que me regalaste hace algunos años, en esos tiempo en que me decías al oído “amor cuanto te amo”, no debe tener ningún valor comercial, no es de metal, es un hilo que imita al cuero, entrelazado en tres cuerdas prensadas entre sí, así como al final terminamos los dos, pasando de una pareja a un trío que unía nuestras ganas, que se restregaba uno con otro, algunas veces uno otras nosotros, una invitación que no lance yo, una llegada que ahora que lo pienso me asombró.

Reconocí la belleza en esa cadena, lo bien que se veía en mí, recuperarla no era mala idea, solo que advertí los nudos que con ella hice, sin saber, sin proponérmelo, muy seguramente en algún momento de desesperación, de soledad infinita cuando comprobaba que en este espacio solo quedaba yo. Intenté desenredarla, apure a desanudar, a tratar de soltar, a sacar entre aros propios del material esa misma consistencia apretada con la cual formaba esferas a manera de cuentas en un total; inicialmente infructuoso, pero como casi todo en la vida con algo de fuerza y paciencia lograron las fibras empezar a relajarse, no sin antes soltarse escamas de los hilos, desprendiendo el tripleagarre de los extremos y debilitando en su recorrido, tal vez por el uso o el desuso, la integridad del accesorio, desprendiendo y rasgando su continuidad hasta no ser más que pedazos de cuerda de un material irreconocible, todos los pedazos separados y ajados.

No hay mejor analogía, así fue lo nuestro, al final se desintegró a pedazos, dejando de representar el amor que nos profesábamos, el mismo que me juraste cuando esa cadena me entregaste, y entiéndelo no fue ese tercer hilo que ingresaste a nuestra ecuación lo que me afectó, fue que nunca me enteré que estaba entre nuestras cuentas, solo al final cuando mi hilo luchaba por dos, el tercero por tres y segundo que eras tú, por ningún interés , o quizás solo por ti, supe que montaste un vil ardid,  espero que por lo menos hayas podido recoger los pedazos para rehacerte a la perfección, porque la verdad es que ni con todo el empeño del caso he podido recomponer esta cadena. Esta noche no me ha tocado otra cosa que echarla destrozada a la basura, ahí en el mismo lugar donde dejé tus pablaras tu besos y miradas, para que por lo menos sea un solo paquete el que botar.




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