miércoles, 6 de junio de 2018

Al 50



Completé 48 horas pensándote, 48 largas horas rumiándote en mi cabeza, así enteras, porque dormido también te soñé, y soñé que te pensaba, así completas, 48 con sus minutos y segundos, no más no menos, acaban de ser 48. Este es quizás el preludio de un olvido, es tal vez mi mente queriéndote borrar, sacarte, anularte, buscándote tener por ultima vez, y por eso no se suelta, no se halla sin ti, no te deja ir, así como ese abrazo de hoy, en el que la separación tardó, pero al final llegó.

No me reconozco, perdí mi imagen en algún lado de este camino contigo, no se donde quedó, o si tal vez pueda al devolverme encontrarla, quiero intentar rencontrarme, ser quien era; las personas que siempre están a mi lado no me conocen, muy pocos me alcanzan a distinguir entre los gestos descompuestos de mi cuerpo versando acciones fraudulentas para  maquillar el llanto, algunos me sacuden en un intento desesperado de sacar de mis pantalones mi verdadero yo, al pasar frente a la vidriera reconozco en el reflejo las ojeras de las 48, las mismas que me taladran las sienes, las 48 que en este momento me tienen pensando si me quieres.

Y me dices que te hable, como si con mi dolor no lo hubiese gritado, me pides que te diga, y que mas van a expresar estos labios que solo querían besarte, que se mueren de ganas por muchas historias contarte, que mas quieres que hable, si no hay sonido en esta garganta que pueda adivinarte que no soy solo yo, que aun existe esa sombra que sobrevive porque le das luz, no la has querido desaparecer porque tienes la esperanza de que siga dándote lo que te dio, porque aun lo guardas como un comodín de lo que fue, de lo lindo, del placer. Y me toca tragar  una a una las palabras que ya tenia practicadas, para traducir la verdad, para explicarte que tan mal me va, cuando tu no cumples las promesas, cuando entre esa sombra y tus acciones me hacen perder la cabeza, cuando ya no queda nada de mi, y empiezo a grabar tu recuerdo deleble después de las 48 horas sin suerte.

Al posar mi cuerpo para enfrentar la noche, y sacar nuevas cuentas que se suman a las 48 ya adicionadas a mi alma, veo la casualidad, al cortar las horas, de las totales agotadas y partir a la mitad, mis reflexiones ya dadas, veo que son 24, el mismo 24 que nos juntó, el mismo 24 que te pido que olvides, igual que yo.

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