Con que derecho en la laguna
tranquila de estos últimos días, osas romper la calma tardía. Te crees que después
de los siglos de dolor que logré sanar, me harás pensar que tu aparición caprichosa
es fruto de la casualidad, que más lejos de la realidad! Mientras me lamentaba comprendí con qué parte
es que se debe amar, desde el pensamiento en la primera época, jamás desde el
alma, es eso lo que hace que el adiós duela. Hoy llegas tocando a mi puerta con
una sonrisa dibujada como una mueca, resaltando tus capacidades histriónicas
que tanto me convencieron en un pasado, aún así te dejo entrar, atravesar esa
puerta que para mi significaba mi paz; hoy lo pienso y no recuerdo que excusa
me inventaste para justificar tu presencia, ni que método usaste para averiguar
de mis vivencias, que fuiste enumerando una a una, como un resumen mal hecho de
la biografía de un desconocido.
Deje que hablaras mientras yo
callaba, buscabas réplicas en mis ojos y yo solo mostraba el reflejo de lo que hablabas, de lo que tú en ultimas inventabas.
Apareció la noche y tu desespero se hizo más evidente, te dije adiós mientras
abría mi puerta, y tu angustiada no aguantaste, te echaste al piso mientras me
hablabas en sollozos que no podías irte, que debía entenderte, que teníamos que
estar juntos porque ya no soportabas la SOLEDAD, yo te dije que por el
contrario yo en ella había encontrado mi compañía, mientras continuaba con la
puerta abierta esperando a que te levantaras.

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