miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Cómo te atreves?


Con que derecho en la laguna tranquila de estos últimos días, osas romper la calma tardía. Te crees que después de los siglos de dolor que logré sanar, me harás pensar que tu aparición caprichosa es fruto de la casualidad, que más lejos de la realidad!  Mientras me lamentaba comprendí con qué parte es que se debe amar, desde el pensamiento en la primera época, jamás desde el alma, es eso lo que hace que el adiós duela. Hoy llegas tocando a mi puerta con una sonrisa dibujada como una mueca, resaltando tus capacidades histriónicas que tanto me convencieron en un pasado, aún así te dejo entrar, atravesar esa puerta que para mi significaba mi paz; hoy lo pienso y no recuerdo que excusa me inventaste para justificar tu presencia, ni que método usaste para averiguar de mis vivencias, que fuiste enumerando una a una, como un resumen mal hecho de la biografía de un desconocido.

Deje que hablaras mientras yo callaba, buscabas réplicas en mis ojos y yo solo mostraba el reflejo de lo que  hablabas, de lo que tú en ultimas inventabas. Apareció la noche y tu desespero se hizo más evidente, te dije adiós mientras abría mi puerta, y tu angustiada no aguantaste, te echaste al piso mientras me hablabas en sollozos que no podías irte, que debía entenderte, que teníamos que estar juntos porque ya no soportabas la SOLEDAD, yo te dije que por el contrario yo en ella había encontrado mi compañía, mientras continuaba con la puerta abierta esperando a que te levantaras.

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