Es curioso como el paso del tiempo te va haciendo menos arrogante y altanero, o puede que sea, no lo sé, quizás, que las experiencias y las cosas vividas, te minan más la sensibilidad, la humildad y en general empiezas a darte cuenta que el ímpetu que antes tenías lo va reemplazando una manera precavida de actuar, un análisis de las cosas y los acontecimientos del futuro que se aproxima, que entre otras cosas lo empiezas a ver muy oscuro, y es el momento en que caes en cuenta que ya mucha agua a pasado bajo el puente. Últimamente me he sentido decaído, sin ánimo y los proyectos que antes me llenaban de expectativa y arrojo hoy no me lograban inmutar; no estaba conforme en ninguno de mis aspectos, es un estado de “hijueputez” existencial del cual no encuentro origen, pero quizás este estado, este momento son necesarios para avanzar en la vida, para tomar otra dirección. No más hoy caí en cuenta mientras cagaba, de lo bonita que era la papelera del baño, con un diseño muy agradable, y con unos grabados en alto relieve que jamás había detallado, era una mezcla de escultura romántica pero no dejaba de tener ese estilo contemporáneo que tanto me gusta; fue en ese momento que recordé que esta papelera no había sido inicialmente una papelera de baño, había sido un regalo de mi exnovia que originalmente contenía una planta de flores violetas que me regaló para decorar mi apartamento. Qué había sido de la planta? Me imagino que corrió con la misma suerte que mi relación amorosa, se había muerto, resecado y finalmente ido a la basura. Este realmente no es el problema que me causa admiración, sino que durante dos años en que la transformación de maceta a cesto de basura se había dado, no me había percatado que ese objeto había representado tiempo, esfuerzo y sobre todo un buen y bonito sentimiento de una persona hacia mi. Ese fue el momento en que comprendí que el tiempo doblega el carácter, y que sí , que ya no era un muchacho altivo y lleno de energía, con la actitud de “Me importa un Culo” que siempre me caracterizó. Fue en ese momento que vacié la papelera la limpie, y la coloque en mi balcón, con el compromiso de buscar una nueva planta y sembrarla, era la manera de enaltecer nuevamente la función de ese objeto, y por supuesto con un interés más escondido, que era reivindicarme conmigo mismo.
Esta tarde buscando la planta y de regreso a mi apartamento entendí por fin que era lo que realmente estaba sucediendo. Mi vida había tenido el mismo destino de la maceta, había perdido la esencia prima que me hacia quien era, me había transformado en otra cosa; es por esto que he tomado la decisión de vaciar los papeles cagados que me llenaban la existencia y volver a tomar el camino de mi condición, y quien sabe, hasta quizás haga renacer flores violetas en mi…

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