lunes, 12 de agosto de 2019

BRILLO


Serví una copa de vino, traté de verter en ella una buena cantidad, algo que me durara mas de lo normal, pero que tampoco pareciera un alcohólico desesperado, me senté a disfrutar la brisa de la tarde, y llegó tu imagen a mi mente, descubrí que había soñado contigo la noche anterior, bueno quizás fue en la madrugada, creo que a esas horas estoy más profundo, ya sabes lo que me cuesta levantarme en las mañanas; y fue raro, mientras estuvimos juntos jamás apareciste en ninguna de mis invenciones oníricas, pero ahora como si algo pasara, emerge tu rostro otra vez, debe ser una mala pasada de mi cabeza.

He tenido siempre, o bueno, casi siempre, sueños muy locos, cosas que nunca coordinan, en lugares extraños, muchos de los cuales nunca he visitado o visitaré, con personas que amo o he amado, con muchas que solo conozco y también con gran cantidad de extraños, pero tengo que confesar que hasta ayer lo hice por primera vez contigo, fue raro, siempre me pregunte porque no te encontraba mientras dormía, quería que así fuera, lo que sentía por ti era tan grande que te extrañaba en esas noches con ausencia de vigilia, con presencia de imaginación y con un toque de perversión, quería tenerte en mi vida, en la real y en la de la fantasía de mi mente, tal vez a causa de la necesidad estúpida de que todo fuera perfecto.  

Jugamos de mil maneras al amor, incendiamos cada momento con emoción, así eran los ratos contigo, pasábamos en una sinfonía loca, en un baile en el que no cabíamos, tomábamos café, y de tanto en tanto un buen vino, comíamos cualquier cosa en el tiempo que podía dejarnos los momentos juntos, muy rápido y desprolijo, para no quitarnos la oportunidad de aprovechar lo que el reloj nos permitía, y paseábamos, cómo paseábamos, el campo, la montaña, cualquier pedazo de ciudad, la playa, ese día de playa en el que por primera vez me fijé como el sol hacía brillar más tu piel, esas formas de tu piernas que tanto me imaginaba cuando no estabas, tu boca, los labios posándose en la copa mientras te estirabas en la asoleadora, tratando de tocar el cielo con tus dedos de los pies; de un instante a otro te pusiste de pie, tomaste mi mano y me levantaste de un golpe, corriste delante y yo como siempre te seguí, entraste al mar, con esa elegancia que solo tu tienes, me quede en la orilla admirándote, volteaste hacia mi y con ese gesto que aun añoro, me invitaste a entrar al océano. El agua estaba templada, un día agradable para nadar, me acerque y rocé mi piel con la tuya, que sensación más hermosa, el agua unía nuestros cuerpos, lubricaba cada movimiento, el mar tranquilo y sosegado, sabía que tu estabas en él y aprovechó para que las olas fueran mas lentas y te cubrieran suavemente, así disfrutar de tu belleza. Te acercaste más a mi, y con esa voz dulce y peligrosa me dijiste al oído que te acompañara, entre balbuceos te contesté afirmando que estaba ahí contigo, y corregiste de inmediato, no solo en el mar en la playa, que te acompañara al fin del mundo, y mi cabeza medio aturdida, solo alcanzo a moverse erráticamente y lentamente de arriba abajo, tratando de expresar un si en mi voz, pero un “a donde quieras amor mío" en mi corazón, y lo supe en ese momento, te seguiría al mismísimo infierno solo por el hecho de que tu estuvieras ahí; volviste a tomar mi mano, y me arrastraste fuera del agua, te tumbaste en la arena y yo a tu lado, volviste a hacer esa manía que tenias con mi cabello, tomándolo entre tus dedos y tratando de formar circunferencias con él, me inclinaste la cabeza y nos dimos un beso profundo, pasé mis manos por cada rincón de tu alma, mientras tu me atraías con esos movimientos hacia ti, hicimos el amor como nunca, despacio, delicado, metiéndonos completamente en nuestros cuerpos, en nuestro papel de amantes, complemento el uno del otro; y explotamos en la emoción, gritamos con pasión, mientras la vida se nos incendiaba y nuestras ganas se saciaban; fue hermoso, lo más lindo entre nosotros, aquello que de verdad demuestra que los sentimientos avivan el aliento, y te miré, alcancé a ver la paz en tus ojos, mientras nuestros latidos se iban regulando, y entendí que debíamos ser siempre los dos.

Lástima que nunca fuimos a la playa, no se porque te soñé así y ahí, tal vez la necesidad que tiene mi mente de hacer algo que no pudo, de sentir siquiera que no fue una perdida de tiempo, que de algo valió la pena estar contigo, afortunadamente la mañana siempre llega y el sol alumbra, diciéndonos que nuestros sueños y pesadillas terminaron. Acabo mi copa de vino y me doy cuenta de que necesito otro trago más, de todas maneras, la vida continúa. 

2 comentarios: