sábado, 23 de abril de 2016


A Razón




Cuando ya había ganado y todas la batallas eran historia, cuando por fin me encontraba viendo el horizonte sin la amenaza de los azares de la vida,  había declarado mi terreno, clavando mi bandera de victoria, solo yo y nadie más que yo permitía la entrada a mi reino, convivía con quien quería, y tenía planeada este resto de vida y las otras que me quedan, cuando dormía plácidamente y la única agitación de mi sueño era la escena inconclusa de una historia bien contada, justo ahí cuando la paz reinaba en mis dominios, apareces tu.

Derrumbaste toda barricada, abriste la entrada metiéndote al fondo de mi ser y dejando pasar contigo toda esa historia, recuerdos,  momentos, las palabras, los silencios todo eso contenido en un pequeño, tonto, inocente y vil punto. Y vuelve a aparecer la batalla, no las fáciles, las que gané con mucha ventaja; aparece la más difícil esa que libro contra mi mismo, y comienza la contradicción, contigo, sin mi, conmigo, sin ti, ya no coordino, no pienso y mi cabeza va ganando más peso. Y es que el miedo que yo siento es estar a la deriva, sin brújula, enfrentarme a lo no planeado, metiéndome en la espontaneidad de la vida, dejando que sea el destino quien decida lo que pase conmigo.

Y ahora no se que debo hacer, peleo con mi consciencia, y me reprocho, luego vuelvo a sentir esa dulzura que deja el decir "ya pasará lo que tiene que pasar", dejárselo al tiempo a la fortuna a la buena o mala dicha, a dejar que la vida pase. Pero sigue la incertidumbre, me despierto entre embates, decisiones no tomadas y vuelvo otra vez al estupor de la encrucijada.

Mientras todo eso pasa, ahí sigues tu, tan como siempre, mejor que antes, más que nuca, deslumbrando con tu presencia, sin hacer nada, sin esfuerzo sin siquiera un gesto alentado por ganarme el terreno, es que no lo necesitas, al vernos frente a frente, yo se de antemano que he perdido la guerra, la estrategia está en no dejártelo saber.

viernes, 22 de abril de 2016

Las Pagué






Y ahora quiero tragarme al mundo, abandonando todo aquello que me hacía infeliz, así que inebitablemente sabes que hablo de ti.  Hoy me arrepiento de todo lo que di, de los detalles, de las risas, de las penas, de las lagrimas, del tiempo y de ver que me había conformado como un triste imbécil. 

Quieres regresar creyendo que no podía salir de tu tormento, volver a apoyarte en mi pecho para oír tus lamentos, que tontería, no tienes el mínimo derecho a hacerme sufrir. Tus mentiras las envuelvo y te las regreso por correo, de lo que te entregué, no apresures, quédatelo, no necesito que me lo regreses, menos viniendo de ti; sí algo quedó en la cuenta de los dos, dejalo al olvido a que se vuelvan números rojos, también las caricias se van depreciando y sobretodo al interés que yo las pagué.

Dejé de sentirme cobarde lo que me obliga a cumplir las promesas de ayer, una de ellas es la que acabo de hacer, coloqué otra hoja, borré la pizarra y arrojé tu cuaderno a la basura, se que debí quemarlo, pero sabes le haría daño al planeta, y puede reciclarse, de esta manera por primera vez en tu putísima vida harás algo que no solo te beneficie a ti.

Sin más que decirte,

ADIOS

PD: No espero ninguna respuesta, y si por alguna motivo quieres ir a mi casa, cambia la ruta y vete a la mierda.