Y tu que puedes saber del dolor, si tu siempre te largas, con tus
proyectos, esperanzas, con tu vida resuelta, sin embargo atrás quedamos quienes
fuimos en algún momento tu razón, tu pensar, por lo menos por un instante de
tiempo. Aquí destrozado solo cuento como un damnificado más de tu andar, no
aspiro siquiera a ser estadística de tu efecto, ya que tienes la capacidad de
reponerte pero sobretodo de olvidar.
Habrá nueva gente, otros lugares, más sentimientos y los aprovecharás los
exprimirás, los vivirás, hasta que sientas el mínimo asomo de reproche, de
compromiso, entonces partirás, dejando lo que tengas que dejar, a quien tengas
que olvidar continuando con esa estela de destrozos, expandiendo tu onda
desgarradora; y si por curiosidad volteas, para observar tu obra, no pasará
nada, no sabes llorar, no entiendes de la huella que puede quedar en la piel,
de las noches en vela pensando, de los días angustiosos sin descanso, de cómo se
estremece la vida con la presencia de un ser, y de cómo se apaga cuando ya no
está.
No, tu no sabes, pero cuando el camino siga, y hayamos muerto muchos al
dejarnos tu paso, en algún momento, sentirás lo que es enloquecer, lo que
significa el amor, abriéndose heridas en tu corazón, salándolas con el
desprecio y llenándote con el licor de la indiferencia y por primera vez conocerás
lo que es tener alma, justo ahí entonces podrás beber del dolor y volverás a
ser.

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