lunes, 20 de febrero de 2012

REGRESA


Te confieso que me emocioné, hablarte luego de tanto tiempo, y encontrarte tan casual, tan abstraída e inmutable, con ese desenfado que expresa más que tranquilidad, un equilibrio, como envidio eso, ojala pudiera quedarme sentado mientras el mundo se desbarata a mi alrededor, porque para mí fue eso, el apocalipsis de mi vida, pero tú, siempre tan civilizada, audaz, de mente abierta y tan viajada, tan caminante, tan desligada, no lo viste así.

Demostrando mi  excitación me abalance hacia ti, quería abrazarte, levantarte del suelo, y verte flotando a mi alrededor, pero tu gesto me freno, dijiste mi nombre y acercaste tu mejilla a la mía, así como si nada, como si nos hubiésemos conocido solo ayer, como cuando encuentras alguien que reconoces pero que no reviste mayor interés para ti o para tu vida, no como lo que yo veía o creía ver, no como este imbécil que lleva años pensándote, que la única migaja de felicidad que tuve la encontré contigo, no como ese que espera paciente, con el peso del tiempo en sus espalda, no, no como yo lo sentía, y me sentí estúpido, me avergoncé por primera vez de ser quien era, de esperar, de amarte.

Me hablabas pero no escuchaba, aun hoy no sé si me pediste perdón, o solo comentabas de tu último viaje, de los sitios que visitaste, de quienes conociste, no lo sé, no alcance a oír tu voz, solo te veía modulando palabras, y pude verme alejándome de ti, caminando hacia otra dirección, dándote la espalda y prometiéndome a mí mismo que ese había sido el último momento en que te vería, no sabía que iba a hacer, para donde iba a ir, mi vida solo habías sido tu, pero no me importa, me buscare una. Se atravesó por un instante la loca idea de que te pararías y me seguirías corriendo agarrando mi brazo y diciéndome “no te vayas”, pero tu única acción fue llamar al mesero y pedir un vaso de agua.

Hoy me siento más tonto aún, te sigo soñando, pensándote, anhelándote, quiero verte así sea un instante fugaz, sigo pensando en tus labios y esos ojos, muero cada día por no tenerte junto a mí, y me muerdo los labios para sacarme de esos pensamientos, para sentir que no estoy despierto, para saber que no obro con claridad, así como prometí esperarte la primera vez, también me prometí a mí que nunca más te vería y lo tengo que cumplir, hoy más que nunca me siento igual a ti, también tengo sed pero no se me apagará con un vaso de agua.

martes, 7 de febrero de 2012

CONTINUO


Y sigo aquí, despertando todos los días con la rutina cíclica y mecanizada de pararme de la cama, asomarme a la ventana, y encontrar todo igual, salvo el clima y sus consecuencias, que para serte sincero a esta altura, no me importa.



Camino porque desde que aprendí a hacerlo no he encontrado nada mejor, Ay!! Si supiera yo volar! por lo menos te buscaría desde el aire, si quiera saldría de este encierro.

Devuelvo mis pasos hasta mi refugio, los vuelvo a estirar otra vez a la calle para encontrarme con mis huellas, que hoy parecen más largas que la de hace algunos años, tal vez ellas me estén diciendo que también quieren irse.



Olvido su mensaje y entro a prepararme un café, uno de los muchos que ya se me han perdido en la cuenta del día. Y pensar que antes solo tomaba té.

Me acerco a la mesa para ver un plato diferente, pero un sabor igual al de todos los días, me engaño tratando de convencerme que hoy cambiará. Siempre descubro la mentira, antes del primer bocado.



Tomo el café que sigue en la lista, me siento en la entrada, te recuerdo, te pienso, te imagino entrando por esa larga calle, y que me miras,  sueltas esa pequeña maleta azul con la que te marchaste, y corres hacia mí, con el desespero de abrazarme, de decirme que me extrañaste muchísimo, que fue un error tu partida, pero que ahora estas aqui, para demostrarme cuanto me amas. Pero sé que es un papel que yo he creado, con palabras propias, en verdad, tu nunca harías algo así.



Invento que leo y que entiendo, siendo sincero nunca he pasado de la página 26, pero esas marcas en las hojas del libro me indican lo mucho que he esperado.

La misma mesa, otro plato, igual sabor. Un café más en la cuenta, que a este momento me importa una mierda, ya el café es otra excusa!



La noche, la cama, el desespero, el llanto, la tranquilidad y el sueño que cada vez me sorprende más lejos de la oscuridad y más cerca del amanecer.

Y el mismo sueño donde ruego a Dios que decidamos de una vez por todas si esto lo acabas tu o lo acabo yo.



Lo duro de esperar no es el tiempo sino el cansancio.